Conocí Bebestiario de David Betancourt por trabajar en una librería. Cuando me lo recomendó, un compañero me dijo: «Es un parche, el man escribe cuentos bien bacanos». Y, efectivamente. Betancourt es un escritor de 44 años, doctor en Literatura Hispanoamericana, nacido en Medellín y ganador de un montón de premios, entre ellos el La Cueva en 2016. Además de todo eso, es un escritor de cuentos bien bacanos.

            En esta ocasión tuve la oportunidad de hacerle unas pocas preguntas sobre el cuento, el estilo y el humor.

FD: Le escuche decir de usted mismo qué es un cuentista ante todo, he estado pensando mucho en eso ¿Qué significa ser un cuentista en Latinoamérica, en el mercado contemporáneo del libro en el entendimiento mismo de la literatura y el uso del lenguaje? Para hacerme entender, más allá del porque usted escribe libros de cuentos, quiero saber ¿Cómo ve esta labor dentro de un campo más amplio de la literatura en su historia y actualidad?

DB: Yo siempre dije que era cuentista y que solo iba a escribir cuentos. Nunca novela. Y nada. Yo hoy escribo cuentos y escribo novelas y coqueteo con el ensayo dentro de estos dos géneros. Hoy hay una apuesta editorial más fuerte por el cuento. Las grandes editoriales, las comerciales, las universitarias, las independientes, todas, pues, publican cuento sin prejuicios ni nada de esas cosas. Y se han publicado libros de mucha calidad. Pero, por lo general, son cuentos distintos a los que yo escribía. Ahora hay más riesgos. Se hacen cosas nuevas, o distintas. La trama ya no es lo más importante. Ya no se sigue al pie de la letra eso de que el cuento es esto y no se puede hacer aquello, y ojo con las digresiones, y ni se le ocurra esto… Hoy leo cuentos más libres, menos amarrados, más juguetones, cuentos sin argumento, cuentos de puro estilo. En fin.

FD: Además de eso usted ha hablado en repetidas ocasiones sobre tener un estilo, de hecho dijo en el lanzamiento en el que lo conocí, que de vaciar sus libros de historia solo quedaría el estilo. ¿Cómo define usted mismo su estilo y si se siente dadivoso, me gustaría saber qué entiende usted por estilo? A esto me gustaría sumar el ¿por qué es su estilo algo que resalta sobre las obras contemporáneas colombianas? Cosa que le escuche decir en el ya citado lanzamiento.

DB: Hay escritores que escriben solo para contar una historia y descuidan, de alguna manera, lo demás. O si no lo descuidan, no le dan la misma importancia que le dan a lo que están contando. Contar algo. Que la gente esté comiendo uña esperando a ver qué va a pasar al final. Se lee para llegar a un final. Para mí, cuando yo escribo, lo más importante es la forma de contar, no lo que se cuenta. Y en esa forma de contar mía está, lo dicen los lectores, el desparpajo, esa “prosa nerviosa”, como tirada, la cantaleta de Vallejo, el tono triste de Felisberto, el lenguaje popular, la crítica, la ironía, el sarcasmo, el humor. Y otras cosas muy mías que son de otros. Esa es mi marca. Eso es estilo. Que uno lee un texto y sabe que es de alguien en específico, que uno lo identifica de una, que se diferencia, sí, que se diferencia. Y esto yo lo agradezco mucho porque todo el mundo escribe como igual, ¿o no? Yo leo y leo y siento que esos libros son como la misma cosa, pero distinta. Cuentan cosas distintas, pero parecen escritas por el mismo escritor, o por el mismo robot.

FD: Por último le quiero preguntar por el humor. Su obra es una obra que mantiene un tono humorístico constante ¿Cómo ve usted el uso del humor en la literatura contemporánea? y aquí hablo de algo que veo en su obra y es el compromiso de una obra irónica y humorística,  donde el humor no es un añadido sino una constante.

DB: Yo no soy humorista ni escribo humor y ya. Yo escribo literatura: cuentos y novelas y ensayos. Y los personajes que andan en esos libros, por patéticos y porque pierden todo el tiempo, hacen reír. Uno se ríe de los males de otros, de los fracasos de otros, de las tragedias. Pero mi intención no es hacer reír al lector. Más que querer hacer reír es escribir bien. Por eso sí me preocupo. Por eso no entiendo cuando alguna gente me encasilla en humor y solo humor. Lo que hago va más allá de eso. Y en la literatura no es fácil encontrar libros todos de humor, sino que hay humor, sí, pero por dosis. En mis libros sí hay una risa constante, que está en todos los textos, pero es por mi estilo: esa gracia o no sé cómo se llama eso, la malicia, la caricatura, la crítica, la ironía… Y esas cosas también producen risa. Reírse de las vacas sagradas de la literatura, por ejemplo, hace reír; bueno, aunque a algunos indigna y delica. Reírse de los poderosos. Caricaturizar el poder. Bueno, en fin. Pero, te repito, yo no escribo para hacer reír y nomás. Hasta, si me pongo a hilar cortico, mis libros son más de tragedias que de risas.

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