Don´t worry about what motivates you to write. If you want to impress your girlfriend, thats okay.

Once you start, the writing takes over.

Ngũgĩ wa Thiong’o

El segundo libro del escritor Sergio Salamanca pasó sumamente desapercibido, y más allá de parafernalias comunicacionales, técnicas editoriales, redes sociales y chismes, no es ninguna casualidad. Estamos hablando de una producción escritural –sumamente miscelánea– de veinte textos, los cuales en la introducción de este libro se nos presentan como “uno panfletario, otro sexual, otro muy mal otro anti Cristo, otro risueño, otro criminal, otro incomprensible, otro arrogante, otro bestial, otro esforzado, otro moral, otro brechtiano, otro populista, otro italiano, otro evangélico, otro muy lento, otro diabólico, otro está muy roto, otro animista, otro Natascha”. En definitiva, es un libro en el cual se encuentran textos variopintos en los cuales podemos pensar y re-pensar la figura de las publicaciones literarias como campos de entrenamiento. Campo en el que el escritor pone su atletismo lingüístico en la palestra olímpica, a la espera de los comentarios de los lectores que se encuentran en las gradas y/o de los otros deportistas, que, con sus manos transformadas dientes, buscan hincar –como pequeños saltos– las vallas que representan cada línea. Conversando un poco al respecto con el creador de Gezhonggeyangde1, me comenta que este libro es: un «bildungsroman cojo», es decir, una producción autoconsciente de crecimiento en la voz autoral, pero –como todo proyecto artístico– a medio camino, como lo es la posta misma que representa la vida del atleta, la prosa, el verso, con la diferencia de que no existe realmente una meta precisa o una función concreta, más allá que la de poner los talones en la pista.

Si pudiera tomarme la libertad de emitir un juicio moral, como el tono mismo que alguno de los textos pareciese asumir, diría que son textos burlonamente narcisistas, tanto por las temáticas que tocan –que rozan la autobiografía ¿ficcional?– y la propia repetición de las técnicas literarias del escritor, además de parecer pequeñas crónicas extraídas del diario de farándula de algún personaje de moda, pero uno que claramente ha leído ciertos libros de estética y se ha encaramado en los versos como si fuera rímel en las pestañas, ácido en las pupilas y lecturas posmodernas como caviar en restaurantes de lujo, en los cuales todos han escuchado hablar de Michael Jordan, pero ninguno realmente sabe jugar básquetbol. 

            Hay textos que –me atrevo a decir– son cartas teledirigidas a una persona real o representan anécdotas vívidas del autor, con su pizca de ficción y una estructura narrativa que podría ser transferida más bien al formato de una novela de largo aliento, y otras que parecen más bien aforismos que representan lo que el mismo escritor nos menciona en cierto momento: que el discurso sea el mantra(p.19). Se observa un ping-pong constante entre los diversos formatos estilísticos, lo cual a veces distrae y reafirma la condición miscelánea de esto que me atrevo a llamar “publicación de entrenamiento”, porque como bien se nos menciona: “parece mucho pedir que adentro de un libro de poemas encontremos poesía”, entonces dediquemos a jugar y atiborrarnos de ejercicios poéticos de difícil categorización, tal como pasar de una corrida a un triatlón, hay que ejercitar la mixtura de músculos.

A momentos uno pudiese sentir que los textos necesitan ser más pulidos, editados, haber sido producidos con más calma, pero, al fin y al cabo, solo responden al fin en sí mismo del libro, ser un despliegue de práctica, un campo de tiro en el que se satisfacen deseos –onanistas o no– en que el escritor se toma las garantías, como cuando conversando con él nos cuenta que este libro representa la soltura de escribir con previa intención. De alguna forma es el calentamiento, tal como un atleta se establece repeticiones o una modelo aprende a caminar con tacones elegantemente. No hay mejor forma que verlo por uno mismo, por lo que me gustaría insertar dos textos que seleccioné del libro, los cuales me parecen las postas primas de este ejercicio. Salamanca nos ofrece seguridad al exponer su propia escritura coja para la mejora futura, y tal como un atleta, entrena en ello hasta llegar al fallo:

Folletín del pueblo

6 segundos bastaron «¿Cuál es la esencia de los verdaderos artistas?» Con el puro en la boca y manejando sin entender la pregunta el escritor se queda pensando en el parecido del entrevistador con su hermano muerto, hace unas semanas le habían otorgado el Toyota por ser el rostro de la marca, que ahora el poste de luz dejaba destrozado y saliendo ilesos de los restos, ambos se ayudan, sacuden sus ropas y vuelven caminando al pueblo para contar la anécdota en el bar. ¿Cómo fue que se salvó? Y el escritor escribe un informe que publican en el folletín del pueblo: «Con un auto como este, uno puede sobrevivir a cualquier accidente». Cosa que a los días recibe las llaves de su nuevo Toyota.  (p.17)

¿Estamos haciendo lo conveniente?

                                   Para Robert Walser

“Algo se ha roto” Todo está bien decía después creyendo alivianar a sus discípulos. Cuento corto del maestro, siempre fue su miedo a no saber cambiar una ampolleta, y hacer que tu maestro enfrente su miedo es dejarlo solo, y a oscuras; como estará sin respuesta a sus mandatos, y sin saber como cambiar la ampolleta… se verá obligado a tantear alucinadamente una solución, hay que observarlo bien, por amor a la burla, hay que ocultarse para ver la idiota cara del hombre contemplativo -¡Escondidos!- Y los discípulos se esconden, formando en fila una larga sonrisa en silencio, cuando de pronto el maestro confiesa: “Algo rompí”.   (p.15)


  1. Litoral Dark, 2023. ↩︎

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