Nelson Gutiérrez Solana (Barranquilla, 1988) es escritor e investigador literario. En 2019 publicó su primer libro de cuentos, El extraordinario hábitat del Tití común, gracias a la Beca de Publicación del Portafolio de Estímulos de la Alcaldía de Barranquilla. Dos años después, el Ministerio de Cultura publicó el cuento ilustrado En esta casa no se come papel y, en 2023, obtuvo la Beca Distrital de Narrativa (Cuento y Relato) por El atlas de las suelas, su segundo libro de cuentos. A lo largo de su trayectoria también ha recibido el concurso RELATA (2016), la Beca de Programación Artística de la Biblioteca Nacional de Colombia y el Ministerio de Cultura por el proyecto Entre Ires y Decires de Macondo (2023), y una mención de honor en la séptima edición de Bogotá en 100 Palabras por su microrelato “Las playas andinas”.
            A propósito de El atlas de las suelas, conversamos sobre la escritura de sus cuentos, la búsqueda de una voz para cada relato, la presencia de la oralidad caribeña en su obra, el momento que vive el cuento colombiano, el papel de los talleres literarios en su formación y los proyectos que prepara actualmente.

Daniel Carvajalino: En El atlas de las suelas la forma parece ser mucho más que una cuestión de estilo: es una manera de pensar y de construir el mundo del relato. En un panorama literario que parece privilegiar la transparencia y la inmediatez, ¿qué te lleva a insistir en esa concepción de la escritura?

Nelson Gutiérrez Solana: No hay nada más grato, no solo en literatura sino también en la vida, como cuando se juntan el qué y el cómo. “¿Qué pasó?”. “No, que tal…”. “¿Cómo ocurrió?”. “Así, asao’…”. Y la virtud de encontrar el tono correcto y verdadero para responder ambas preguntas; he ahí la cuestión, como dice Shakespeare.

Cuando ese tono aparece, la historia encuentra su forma. La anécdota cobra fuerza y, muchas veces, termina convirtiéndose en cuento. Me interesa la búsqueda de voces informales que relaten los temas más absurdos de la cotidianidad, como si todo estuviera ocurriendo frente a los ojos del lector. Y es interesante que sea la propia voz quien construya y le otorgue el sentido al relato: unas veces desde la solemnidad, otras desde la parodia, pero siempre proponiendo una forma distinta de mirar lo cotidiano. Y así ir llevando al lector por un mundo visto desde otra perspectiva, donde incluso se convenza de poder encontrar una gata (el qué) mediante un anuncio de periódico (el cómo).

DC: ¿De dónde vienen estos cuentos? Cuéntanos un poco del proceso de escritura.

NGS: Estos cuentos se fueron forjando desde el 16, así sin dos mil, pa’que suene más académico. La verdad es que hay relatos que tardaron más de siete años en madurar antes de hacer parte de El atlas de las suelas.

En cuanto al proceso de escritura, cada cuento representa el reto de encontrarle una voz a ciertas imágenes persistentes que se me quedan rondando en la cabeza. Unos nacen de anécdotas personales; otros de la lectura de una novela, aquel a partir de una cita y sigo con Shakespeare, recordando La Tempestad: “El infierno está vacío, todos los demonios están aquí”.

La leí primero en la obra y años después volví a escucharla en una serie de televisión. Algo hizo clic en mi cabeza y empecé a preguntarme cómo se alteraría el mundo si los perros dejaran de ladrar. Estoy seguro de que se desajustaría la balanza cósmica.

DC: Tu escritura está profundamente arraigada en la oralidad caribeña. En una época en la que las variedades locales del español conviven con una creciente estandarización del lenguaje, impulsada por las plataformas digitales y la circulación global de la cultura, ¿cómo piensas esa apuesta por una lengua tan situada?

NGS: No lo veo como una apuesta, ni tampoco se trata de defender una especie de regionalismo caribeño, sino que dicha costeñidad que en ocasiones fusiono con el “criollo” o kreyòl, es la lengua con la que crecí y moldeémi pensamiento.

Uno puede tomar prestadas palabras de otros idiomas, aprovechar ciertos acentos o incorporar distintos registros, pero alejarme de esa base idiomática sería mentirme. Y si uno miente mientras escribe, lo pillan; y después de que lo pillan, nadie le cree.

DC: En los últimos años da la impresión de que el cuento ha recuperado cierta visibilidad dentro del panorama editorial. Casos como el de El buen mal, de Samanta Schweblin, distinguido recientemente con el Premio Aena de Narrativa Hispanoamericana, parecen reforzar esa impresión. ¿Tú qué piensas de esto como cuentista? ¿Cómo ves este momento en la literatura colombiana?

NGS: “El cuento vive, jamás ha pasado de moda”. O, si prefieres un eslogan: “No coma carne, lea cuento” (jajaja). Nunca he sentido que el cuento haya desaparecido; quizá ahora tiene una mayor visibilidad editorial, pero siempre ha estado ahí, encontrando lectores y escritores.

En cuanto a Samanta Schweblin, le tengo una enorme admiración. Desde el primer cuento suyo que leí “Un hombre sin suerte” quedé prendado de la contundencia de su prosa. Me parece una autora indispensable para entender el excelente momento que vive el cuento latinoamericano.

Y en Colombia veo algo parecido. Hay una generación de cuentistas explorando caminos muy distintos: la autoficción convive con lo fantástico, lo distópico y la experimentación formal. Esa diversidad me parece una muy buena señal. Más que una moda, siento que el cuento colombiano atraviesa un momento de gran vitalidad y libertad, en el que cada autor está buscando ampliar los límites del género, incluso en moldes que de vaina aguantan la hoja en blanco.

DC: Tienes una amplia trayectoria en el mundo de los talleres literarios y de las convocatorias de estímulos. Desde esa experiencia, ¿qué tipo de literatura crees que se está gestando en esos espacios? ¿En qué se diferencia —si es que lo hace— de la que suele surgir en circuitos más ligados al mercado editorial o a las editoriales?

NGS: Los talleres literarios brindan un acompañamiento en el proceso, casi siempre solitario, de la escritura. Para mi formación han sido fundamentales porque allí los textos se ponen a prueba frente a personas que no tienen ningún vínculo afectivo con uno. Eso permite una lectura bastante aséptica, libre de complacencias y, en buena medida, de prejuicios. La retroalimentación se convierte en una materia muy valiosa, siempre y cuando uno sepa distinguir una crítica sustentada en argumentos de una crítica hecha simplemente por criticar.

Lo más impresionante de esos espacios es la cantidad de combinaciones posibles que aparecen entre autores, lecturas y formas de entender la literatura. A veces dan ganas de estar con una red atrapando ideas ajenas y decir, de frente: «Si no la escribes tú, te la robo». Esa diversidad obliga a cuestionar las propias certezas y enriquece la escritura.

Del mercado editorial conozco mucho menos, así que no me atrevería a establecer una diferencia tajante. Pero sí tengo la impresión de que en los talleres existe una mayor libertad para experimentar, equivocarse y llevar los textos por caminos poco previsibles, sin la presión inmediata de pensar en su publicación o en su circulación.

DC: En una entrevista contabas que estabas trabajando en una novela acuentada sobre Dios y el Diablo. ¿Qué pasó con ese proyecto? ¿En qué trabajas ahora?

NGS: Bueno, El divino balín sigue vivo; continúo trabajando en esa novela acuentada sobre Dios y el Diablo. Es un proyecto que ha requerido más tiempo del que imaginaba, porque me exige encontrar el equilibrio entre la estructura de una novela y la autonomía que me gusta que tengan los cuentos.

Paralelamente, acabo de terminar una serie de prosas poéticas que narran, desde una suerte de panóptico, tanto al Caribe continental como al antillano. Es un proyecto distinto, pero que también nace de mi interés por el lenguaje, la oralidad y las múltiples formas de habitar el Caribe.

DC: Para terminar, ¿crees que algún día el Junior de Barranquilla llegará a ser tricampeón?

NGS: Tricampeón, por supuesto. Como dicen por ahí: “No hay dos sin tres». Y, como hincha del Junior, también recuerdo otro refrán: «No hay quinto malo». Ombe, mejor volvamos a la literatura, porque “el Junior camina como un campeón antes de ser campeón”.

MÁS DEL AUTOR

ver todo

Ayúdanos a mantener la revista

Zun es un proyecto autogestionado. No recibimos sponsor por parte de nadie más que de nuestros queridos lectores. ¡Puedes ser parte de lo que mantiene Zun a través de una donación voluntaria!
CÓMPRANOS UN CAFÉ