Merienda

Nunca he tenido mucho espíritu emprendedor o empresarial. Pese a haber estudiado Derecho, montar una empresa no me ha llamado nunca. Demasiados papeles, demasiadas complejidades y obstáculos. Supongo que es el miedo a la burocracia, un temor que no debería tener por mis estudios. De montar mi propio negocio, siempre he contemplado dos posibilidades: una librería-papelería (dada mi pasión por todo el material de oficina, los cuadernos y el papel de regalo) o una pastelería-cafetería. Una buena pastelería. Una de esas cafeterías que tienen amplios ventanales que dan a la calle y bancos acolchados donde sentarse. Una cafetería con encanto especializada en lo dulce, donde uno pueda leer, quedar y conversar con familia y amigos. Imagino un local luminoso, cálido como el chocolate caliente, donde sirvan tartas y pasteles artesanos, ¿cuál es el secreto de una buena cafetería? Para mí, es que te sientas a gusto en ella y que puedas estar en paz. Donde, si uno quiere, puede quedarse la tarde leyendo y donde pongan una música suave. Un lugar donde todo invite a quedarse. 

El hilo musical debe ser calmado (aunque esto no quita que pueda tener momentos de puntual alegría). Mis apuestas para banda sonora de cafetería serían Au Pays du Cocaine de Geese. Aunque todavía estoy en fase de descubrimiento con la banda de Cameron Winter, esta pista sí que me ha convencido. También pondría From de Bon Iver, con las guitarras del artista neoyorquino Mk.gee, una canción de mañana espléndida. Otra elección sería “That’s Us / Wild Combination” de Arthur Russell, una canción tan cálida como darse la mano y que me recuerda a patinar sobre hielo sin nunca caerse. Por último, el propio disco de Mkgee, Two Star and The Dream Police, es un abrazo íntimo y temas como “I Want” servirían de fondo a un último sorbo de una taza de café moca a las ocho de la tarde.

Una cafetería debería orientar su decoración hacia la calidez y la luminosidad, que aproveche las horas de luz solar y su reflejo. Las texturas son importantes, un espacio acogedor se construye a capas: las tapicerías, las alfombras, los manteles individuales y las vetas de la madera donde hundir los dedos mientras esperas el pedido.

Las cafeterías están creadas para pasar horas. Por eso uno  debe sentirse bienvenido en ellas. La buena atención te hace volver, y su éxito descansa en el equilibrio entre la intimidad y el acogimiento.

No me gustan las cafeterías que no tienen carta de merienda o que no tienen pasteles decorando sus vitrinas. La merienda es, para mí, uno de los mejores momentos del día. Disfrazado  de ritual (todos los días a las 5 o 5 y media), esconde tesoros. Las meriendas sin prisa ayudan a desconectar de los problemas. Dicen que comer chocolate produce felicidad y fortalece la memoria. Estoy convencida de que la merienda también. 

Cacao, azúcar, café y canela. Ese es el perfume de la merienda. Es agradable, es hogareño y, por su encanto, es memorable.

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