Miembro Fantasma es el último libro de cuentos de la escritora uruguaya Fernanda Trías, publicado por Páginas de Espuma en marzo de 2026. El título del libro se refiere, en principio, a la sensación que queda en un cuerpo después de una amputación médica. Digo en principio, porque es en ésta instancia —como escribió Anne Defourmantelle— que la metáfora resulta violenta frente a su punto de partida. Quizás sea el momento en el que empieza lo mejor de la literatura: el trabajo con las capas sumergidas. Un miembro fantasma es una sensación presente de algo que ya no está. Y frente a esta idea pienso que Trías logra trabajar en dos planos literarios de manera conjunta: por una lado, lo que le ocurre a los personajes — en términos vinculares e históricos, como los años de dictadura en Uruguay, el atentado del 11S o el confinamiento por COVID— y por otro, una dimensión reflexiva aunque, más bien juguetona, sobre el oficio de escribir y los efectos de las historias mientras se escriben.
¿Al final qué pasó? Mañana te lo cuento.
o
Déjeme que lo acompaño a casa y continúo la historia.
Por ejemplo, estas frases de los cuentos “El Orador” y “Miembro Fantasma”, representan una operación narrativa que pareciera que nos deja un silencio para que entren el juego nuestros propios sentimientos sobre lo que acabamos de leer. Muchas veces ocurre que son personajes poco fiables, pero no tan sólo por la mentira —en cuanto la mentira es tierra de la ficción— sino porque no hay modo de caminar con ellos a casa y saber toda la historia, ni que llegue un mañana en el que otro capítulo nos proporcione una continuidad hasta un final inexistente. El propio cuento es una parte que se está yendo. Nos vamos a dormir con el personaje de “Intimidad irremplazable”, nos mareamos o acabamos agotadas de calor, como en “El Ciclón” y “Personaje en Construcción”, el cuento que abre el libro. Un sofoco o un interruptus de diálogo, nos vienen a decir que todo eso que sentimos seguirá estando. En los cuentos de Fernanda los sentimientos físicos —la angustia, el desamor, el encuentro con una misma, el encierro, la distancia — son absolutamente palpables, en cuanto se pueden ver. Cada persona tiene un miembro fantasma en su propia vida. Y realmente se siente como una falta muy próxima. Una sensación presente de algo que ya no está.
Le sacaron el pie pero no pudieron amputarle el dolor. Los médicos tienen un nombre para eso, ¿sabe? Miembro fantasma. Es como un engaño del cerebro, imagínese, una red de nervios que sigue enviando señales de algo que ya no existe.
¿Alguna vez viste cómo sale una hoja de papel de esas máquinas trituradoras de documentos? Hecha flecos. Así, le dije al doctor, sentía la memoria.
Diría que es un libro que trabaja con el inconsciente y con todo aquello que regresa continuamente. Pero también, y solapando estos planos a los que hice referencia, se gesta una especie de mise en abyme —que marca la estrategia del primer cuento— que sobrevuela todas las vidas que nos cuenta la autora. El propio solapamiento de los personajes, entre lo que vivieron, lo que les contaron y lo que reproducen de aquello que les contaron, nos sumerge en la convivencia constante con el relato que hacemos de los demás y de nosotras mismas: un personaje que narra la historia de otro personaje, que a su vez le mintió en el inicio, o las estrategias de imaginación sobre lo que está pasando afuera; convivir con acontecimientos cercanos demasiado lejos y por lo tanto, tenidos que inventar de alguna forma. El relato como trama social y como moneda de cambio permanente.
La construcción del personaje y la subjetividad son claves para entender la escritura de Fernanda Trías. Pero me arrimo, más que a otra cosa, a la inteligencia afectiva con la que narra lo vincular. Lo que importa es esa relación entre el personaje y lo que le queda lejos pero, tan, tan cerca. Ese trazo en el tiempo es de un material inextinguible. Por eso mismo, duele y se sufre. Perros que quedan huérfanos de dueño durante la pandemia, hijos de padres desaparecidos por la dictadura y mujeres que pierden a su verdadero amor: otra mujer.
Muchas veces, la escritura dice más cosas de las que realmente podemos expresar en nuestro cotidiano. Mucha gente se expresa mejor en este sentido, y mucha otra gente prefiere leer los sentimientos entre líneas. Ocurre en “El Ciclón” o “Última carta a Claudia”. Es una maravilla la forma en la que Trías juega con ese doble trabajo narrativo: lo que le pasa a los personajes en torno a la ficción y lo que nos pasa a nosotras en relación a lo que estamos haciendo en ese momento, que no es otra cosa que leer. Para quienes escribimos, es un doble entusiasmo.
Me animo a decir que el libro construye la representación de un mundo masculino, vestido en este caso de oradores o bebedores infinitos u hombres que quieren absolutamentetodo; y por contraste realza una amorosidad y un anhelo entre mujeres muy atrapante. Quizás, pienso, Miembro fantasma también puede ser la permanencia de un deseo de mundo diferente. Desde que abre el libro, el lugar de la mujer escritora es fundamental para leer los cuentos y el presente de la actualidad. El cuento “Grupo de Foco” lo retrata claramente: una mujer también puede tener poder, ser famosa, escribir y ganar dinero. Lo hace con el recurso lúdico de sus diálogos, que también forma parte de Mugre Rosa, la novela que ganó el Premio Sor Juana Inés de la Cruz en el 2021.
El pasado 18 de abril asistí al Reina Sofia en el marco Read Convention Madrid Festival de libros e ideas, a una conversación titulada Ciencia ficción frente al liberalismo del olvido. La conversación atacó rápidamente las diferencias entre utopía y distopía. Fernanda contó que una de las preguntas más habituales que le hicieron a lo largo de estos años, es cómo pudo anticipar la pandemia mientras trabajaba en su novela tiempo antes del confinamiento. Ella dijo algo así como: la ciencia ficción trabaja con el presente, no con el futuro. Su último libro, más realista, digámoslo así, dialoga absolutamente con el hoy: nada ha dejado de ocurrir realmente, todo se repite y con ello vuelven fantasmas, dolores jamás cerrados que nunca lo harán. Pero hay corazones sensibles que quieren seguir escribiendo otras posibilidades. En la desazón de los cuerpos, de la reproducción de los modelos familiares o de las adicciones, hay un latido, que no es sólo de los corazones sensibles, sino de muchas mentes que deseamos construir desde otro lugar. Miembro fantasma da ganas de escribir y releer. Si escribo es porque imagino que esta voluntad tras leer el libro, tiene algo, simplemente un destello mínimo, de utopía a revelarse. Quizás en la escritura quede una verdad que, aunque el tiempo pase, podamos recuperar como un miembro que también nos acompañe en la construcción de nuestras identidades.
