Acantilado publica las obras del más reciente ganador del Premio Nobel de Literatura.

Jorge Luis Borges (1899–1986) decía que un texto empezaba por una suerte de revelación. Tobias Wolff reflexiona en una de sus obras sobre la imposibilidad de hallar un momento único que marque el inicio de la vocación literaria: “No se puede hacer ningún relato verídico de cómo o por qué uno se convirtió en escritor, ni existe ningún momento del que se pueda decir: Es entonces cuando me convertí en escritor. Las piezas sueltas encajan más adelante, con mayor o menor sinceridad, y después de que los relatos se hayan repetido adquieren la categoría de recuerdos y bloquean todas las demás rutas de exploración”.

En Tango satánico (1985), la primera novela del escritor húngaro László Krasznahorkai (1954), galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 2025, se nos brinda la rara oportunidad de presenciar ambos fenómenos.

Krasznahorkai hace algo notable en su ópera prima y es mostrarnos el misterioso proceso del nacimiento tanto de la vocación literaria como de lo que podría considerarse como el primer texto: desde las circunstancias que posibilitan la descarga de ese rayo iluminador, hasta el momento de su impacto, su duración y lo que hace hasta desvanecerse de manera tan enigmática como ha surgido.

Pero no es tan sencillo como suena: el húngaro no advierte en ningún momento de que eso es lo que estamos presenciando, incluso, se podría afirmar que nos engaña con una historia sobre una comunidad rural desolada tras la caída del comunismo, la cual sirve como escenario para la manifestación del milagro.

En una explotación agraria al borde de la desintegración en la República Popular de Hungría, unos personajes que se dedican al trabajo de la tierra y el ganado han quedado varados al terminarse el proyecto. Esperan, en vano, una reactivación de lo que tenían, el advenimiento del progreso que les fue prometido o, al menos, algo que de alguna manera le dé sentido y dirección a sus vidas, las cuales transcurren monótonas y tristes en medio de un paisaje gris asolado por la lluvia.

La novela tiene un movimiento circular, seis capítulos hacia adelante en la primera parte, seis hacia atrás en la segunda, simulando los pasos de un tango, pero ese vaivén tiene un significado diferente, que no se puede revelar sin arruinar todo para el lector inocente que aún no ha entrado en la novela y no ha sido arrollado por los párrafos infinitos del húngaro, los cuales obligan a tomar una gran bocanada de aire antes de sumergirse en ellos con la esperanza de cruzar hasta el otro lado sin ahogarse a mitad de trayecto.

La obra se adentra en lo que podría denominarse como la lucha contra la decadencia, y cómo la memoria puede jugar un rol trascendental en el proceso, siendo la única arma contra el olvido, ya que puede preservar y guardar todo intacto –en especial los lugares– para cuando hayan dejado de existir, destruidos por el implacable paso del tiempo.

También aborda lo que implica albergar falsas esperanzas y lo fácil que resulta embaucar a quien se encuentra desesperado y solo necesita una promesa de un futuro mejor que, aunque sea improbable o incluso inverosímil dadas las circunstancias, es mejor que no tener nada.

Algo notable es que, aun cuando la narración se desarrolla en medio de una atmósfera deprimente (no para de llover, todo está desprovisto de color, es frío y lleno de barro), esas emanaciones no sofocan a quien lee, enfocado como debe estar en seguir los cambios de punto de vista en los largos capítulos sin cortes, donde las intrigas entre los personajes y el humor que en ocasiones asoma en la voz que narra sobrepasan la desesperanza del lugar anodino en el que estamos inmersos.

La historia, a medida que muestra el devenir de esas vidas atrapadas en ese paisaje muerto que cada vez se descompone más, deja entender las condiciones especiales que encienden el combustible con el que trabaja la imaginación, ayudándola a producir esa otra realidad que es más reconocible y verdadera que la que vemos cada día. Al fin y al cabo, la literatura es el estudio de las relaciones humanas y su desarrollo natural en un entorno determinado.

Krasznahorkai es un escritor complejo para los estándares de muchos, pero, aun con la dificultad que podría representar leer sus párrafos eternos con los cambios de foco de una línea a otra, el humor que asoma en medio del desamparo y la manera como profundiza en los miedos y motivaciones de sus desdichados personajes hacen de sus obras algo digno de experimentar.

Ha sido merecedor, además del Nobel, del Premio Kossuth por el conjunto de su obra; el Man Booker International en 2015; el Premio Austríaco de Literatura Europea en 2021 y el Premio Formentor de las Letras en 2024.

MÁS DEL AUTOR

ver todo

Ayúdanos a mantener la revista

Zun es un proyecto autogestionado. No recibimos sponsor por parte de nadie más que de nuestros queridos lectores. ¡Puedes ser parte de lo que mantiene Zun a través de una donación voluntaria!
CÓMPRANOS UN CAFÉ