«Yo soy de mi amado, y mi amado es mío;
él apacienta entre los lirios.»


Cantar de los Cantares 6:3

¿Cómo pudimos terminar así, querido Josef? Ay…, fuimos unos tontos. Nos dejamos llevar por los estímulos, por la pasión, por la lujuria. ¿Pero acaso había alguien más que se atreviera a entregarse completamente al otro? Ah…, no lo había. Solo estábamos tú y yo en el mundo. Nadie más poseía ese amor dentro de sí, esa fuerza de voluntad.

Mi querido Josef, para nuestra desgracia, el almuerzo ni siquiera tenía buen sabor. La carne estaba demasiado fresca. ¿Qué fue de tus dotes culinarios? Fue un desperdicio para todo lo que sucedió después, para tu muerte.

Los medicamentos te habían mantenido adormilado y sin dolor, pero ya no surtían efecto. Te arrastré por los pasillos, dejando una estela roja y fétida en el suelo. Ahora es de color café. Esas manchas sanguinolentas no se quieren quitar.

Tuve que llevarte a la bañera. Tu hemorragia manaba como una fuente. Te quejabas, soltabas esos gritos terribles, hasta que te coloqué un trapo en la boca para que lo mordieras y te inyecté un somnífero. Pasé toda la tarde contigo, hasta que te marchaste con la Dama Huesuda. Tu respiración cesó. No hubo ningún latido en tu pecho hercúleo.

«¿Qué demonios hago ahora?», me pregunté. Pero antes de poder moverme siquiera, sollocé como un niño y recordé cómo te conocí. Tú ya no lo recuerdas…, es porque estás muerto y bastante frío:

Pasé largo tiempo buscando a alguien para amar, alguien que me amara. Un hombre con la fuerza de voluntad, con un corazón tan vasto y tan dulce que se dejara devorar, o quisiera devorarme en el más grande acto de amor y comunión. ¡Somos lo que comemos! Yo quiero ser parte de mi amado y que él sea parte de mí.

Algunos jóvenes aceptaron mis propuestas, pero al final se arrepintieron; decían no ser capaces de cometer esa «atrocidad». ¡Mentirosos!

Pero te conocí, mi amado Josef.

Me invitaste a tu casa; me cocinaste un platillo delicioso, una auténtica ambrosía. Pasamos el día abrazados, conversando, sin otro objeto mayor; pero queríamos comernos, por eso nos habíamos conocido.

Te pregunté si aceptabas mi propuesta de antropofagia y te negaste. De todos modos, había sido una velada increíble.

Me acompañaste a la estación. Ya estaba a punto de subir al tren cuando te vi corriendo, atravesando la multitud. Llegaste a mí y dijiste: «Acepto. ¿Cuándo nos veremos?»
Yo te respondí que llevaríamos todo con calma, pues en el amor los apuros son malignos.

Y pasó el tiempo. Nos hicimos amantes, dulces amantes, mi querido Josef.

Y llegó el día indicado.

Algunos celebran bodas en la iglesia para reforzar su unión; tú y yo seríamos parte del otro. Pero no querías que yo me amputara: siendo ambos hombres, uno de los dos debía proveer la satisfacción natural de este miembro que nos ha dado Dios. Decidiste ser tú el almuerzo. Lujurioso, amado almuerzo.

Te preparé. Te inyecté para que estuvieras adormilado pero consciente, te drogué para que no sintieras dolor; te acomodé en la mesa que serviría de tabla de picar, y te di unos besos lujuriosos y unas ardientes caricias para que nuestro almuerzo estuviera más erguido.

Te pedí que cerraras los ojos y no te movieras.

Dejando caer el cuchillo de carnicero con toda mi fuerza, corté nuestra pieza amada.

Sangraste.

Te vendé.

Estabas somnoliento, pero me ayudaste a cocinar. Eras un gran cocinero.

Servimos el almuerzo en la bella vajilla de plata que heredé de mis padres. Almorzamos. Pero la comida no estaba tan apetitosa. La carne muy fresca no tiene buen sabor.

[…]Yacías muerto en la tina, pálido, bañado en sangre. ¿Qué podía hacer yo? Hacer que vivieras a través de mí. Solo eso. Lo que tú anhelabas y me habías pedido.

Te trocé en la tina.

Ahora estás en mi congelador.

No habrá desperdicio.

Te amo, Josef. Me pediste esto y yo cumplí. Ahora vives en mi cuerpo.

MÁS DEL AUTOR

ver todo

Ayúdanos a mantener la revista

Zun es un proyecto autogestionado. No recibimos sponsor por parte de nadie más que de nuestros queridos lectores. ¡Puedes ser parte de lo que mantiene Zun a través de una donación voluntaria!
CÓMPRANOS UN CAFÉ