Ánimo de mi cuerpo es la primera novela de la escritora argentina Paula Stilstein y sigue el día a día de Nora, una mujer en sus sesenta años que se gana la vida como costurera. A lo largo de las páginas surgen diferentes situaciones que traman la novela: un problema legal con unos óvulos congelados, un pintor que ya no puede pintar, un perro al que matan, un buey que se pierde. De antemano, estas cosas que van sucediendo no constituyen el eje fundamental del relato; lo central es la manera en que se presentan, se narran. Ese es, quizá, el punto más fuerte de Stilstein y la principal razón por la que Ánimo de mi cuerpo merece ser leída.

            A partir de capítulos cortos, la prosa de Stilstein reluce por su brevedad y concisión en las historias que va contando, de tal manera que muchas de estas situaciones podrían leerse de manera independiente. Además, la autora demuestra versatilidad en su forma económica y eficiente de trabajar el lenguaje, lo que le permite construir atmósferas envolventes en apenas unas cuantas palabras, como se puede ver en uno de los párrafos iniciales:

Mientras apretaba el abdomen de una clienta contra la estructura de espiga plástica, y se salía la piel de la mujer por encima del pecho como la espuma de un jabón, una treintena de lobos marinos llegaban por primera vez a la costa de las playas. El olor no tardó en llegar a las narices. Se mezcló con el humo de la quema de rastrojos agrícolas y con el fin del verano, y una quietud extraordinaria inmovilizó los ánimos y las costumbres.

Y es significativo que la manera en que se describe el mundo exterior coincida con el mundo interior de Nora. La mirada que propone la narración de todos estos acontecimientos que entretejen la historia también ahonda en las distintas cuestiones que atraviesan a la protagonista —su relación con el cuerpo, con el deseo de ser madre y con su propia vejez—, siempre abordadas con una delicadeza muy particular:

Y a medida que se preguntaba qué clase de emoción la ocupaba de pronto, tan parecida a una verdad ya conocida, dio unos pasos hacia adelante y se acercó con precaución. El buey es un animal castrado, de modo que era imposible aunque sea por el hecho mismo de pensarlo, en hacer el amor con él algún día. Si ella fuese animal, sería una vaca, explotada, dadora de leche, dadora de hijos que jamás serían suyos. ¿Se había perdido? ¿Se había cansado de arar, de cargar peso? ¿Era una renuncia a todo lo que se hacía con él? ¿La deseaba también, a pesar de su castración? ¿Sentía? ¿Podía sentir lo que se dice amor?

Por último, uno de los aspectos más corporales que atraviesa la novela es la presencia constante de la muerte, a menudo encarnada en animales como leones marinos, perros y pájaros. La muerte, en efecto, se convierte en una de las formas más potentes de afirmar la materialidad de este mundo que Stilstein construye. Sin embargo, a diferencia de otras narraciones, aquí se aproxima a esa dimensión no para negarla, sino para aceptarla tal como es, como parte inseparable de la vida:

Caminó por la orilla y se alejó. Esquivó erizos negros y cangrejos. Hasta que encontró el primer cadáver. No es la primera vez que veía un animal muerto. Quiso acariciarlo, no revivirlo, tocarlo.

En pocas palabras, Ánimo de mi cuerpo no solo es un sólido debut, sino también una buena novela en términos generales, sobre todo por su trabajo con el lenguaje. Se trata de un relato de arquitectura pulida y minuciosa que ya deja ver que Paula Stilstein se inscribe en una línea distinta de gran parte de lo que se publica hoy en día: una escritura que aspira, ante todo, a una estética del lenguaje cuidadosamente elaborada. En ese sentido, su propuesta también puede dialogar —por la densidad de su prosa, la exploración de la interioridad y el cuidado formal— con autoras y autores como Sara Gallardo, Antonio Di Benedetto, María Gainza, Mario Levrero o Clarice Lispector, quienes también han trabajado una prosa de fuerte impronta estilística y una mirada muy concentrada en la experiencia íntima.

Vale la pena seguirle la pista para ver con qué nos sorprende en el futuro

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