La periodista y narradora Ebbaba Hameida nació en un campamento de refugiados en Argelia. Hoy, vinculada a Radio Televisión Española y como vicepresidenta de Reporteros Sin Fronteras en España, la autora de origen saharaui despacha en su novela Flores de papel (Península, 2025) tres historias que se hacen una, voces de migraciones, violencias, mucha incertidumbre y, a veces, una esperanza difícil de desmoronar.
Aisha, Naima y Leila migran, se mueven, buscan y rebuscan desde el Sáhara sus huellas, las raíces de lo que son —o creen ser—. La hija, la madre y la abuela habitan paisajes y mundos conocidos, otros más bien impensados, algunos violentos, otros soñados desde la infancia. La vivencia entre dos mares y varias identidades, debajo de cielos estrellados o atiborrados de luces artificiales, sometidas a veces a déspotas imposiciones, hacen de estas tres — y de tantas mujeres— un hilo único de historias sobre la diáspora, los exilios, las migraciones, la distancia, la resistencia. Mientras tanto, un “Inshalah, volverás pronto”, la idea del retorno entre rezos interrumpidos, un pueblo que se sueña libre.
¿Cómo desarrolló el trabajo con las diferentes capas de narración a través de las tres mujeres de su historia? (que nos permiten conocer no solo sus vidas personales sino también los asuntos históricos, culturales, políticos, religiosos de sus entornos).
Tenía claro que quería hablar sobre el Sáhara. También tenía claro que quería contar la historia de las mujeres, pues se trata de una realidad muy poco contada y además es la realidad que yo conozco. Siempre he tenido estos vínculos con las mujeres de mi vida, una conexión que ni el tiempo ni la distancia han logrado quebrar. Es la memoria de la primera infancia, la nostalgia por emularlas en quehaceres diarios. Supongo que en cierto modo el haberme separado de ellas tan niña grabó en mí una imagen idílica a la que siempre quise volver. Tal vez esa sea la razón por la que sentía tanta curiosidad por sus vidas, pero estas no podían quedar despojadas de sus circunstancias ni de sus contextos. Un proverbio saharaui dice que cada generación tiene su mentalidad y en la novela puede verse reflejadas esas diferencias entre ellas.
¿Cuáles son esas diferencias generacionales? (que también son diferencias sociales, culturales, políticas).
Una está marcada por una sedentarización forzada por el clima y la colonización, la otra por la guerra y el exilio, y la revolución que la empoderó para liderar la sociedad, y la última más preocupada por su encontrarse a sí misma que por otra cosa. Como decía, nuestras vidas han venido atravesadas por este conflicto, por la guerra, el colonialismo, el exilio y la diáspora, y todas comparten un anhelo: el sueño de volver. La mayor al desierto que la vio nacer, la madre a la patria que le arrebataron y la joven al hogar que nunca tuvo. Sin este contexto histórico, social y cultural no sería posible entender sus vidas, sus porqués, por lo que, más que pretender ser historiadora o socióloga, he investigado mucho y he entrevistado a mucha gente experta para conocer ese pasado y presente de mi pueblo. Lo cierto es que todo ello me ha servido para tener una percha sobre la que anclar las vidas de estas mujeres.
“Vivías entre dos mares que chocaban en tu mente cándida. La efervescencia del Mediterráneo te animaba a experimentar con tu cuerpo, pero la sobriedad del desierto te obligaba a reprimir el deseo. Italia y el Sáhara, dos mundos incompatibles y tú, desesperada por satisfacerlos. Eras consciente de tus deberes como mujer saharaui y a la vez escuchabas a las italianas con la curiosidad de quien quiere volar. Querías encajar, integrarte en Occidente, pero la arena pesaba demasiado.” (p. 14).
Un aspecto muy interesante del libro es que en cada historia de vida cambian las opresiones, las libertades coartadas o la vida con una falsa plenitud.
Como te decía, las mujeres son las primeras víctimas en los conflictos. La realidad es que el machismo es una forma de vida tan antigua que no somos capaces de datar sus orígenes; está impregnado en todos los estratos de la sociedad. Visto con perspectiva, la lucha que cada generación ha venido haciendo por la liberación de las mujeres tiene el mismo patrón: combatir a un opresor. Y es que, aunque cada una de ellas ha vivido sus propias circunstancias, y tiene su propio contexto, el verdadero protagonista es el conflicto, que las atraviesa, la guerra, que es la que decide sobre sus cuerpos, sobre sus libertades, sus sueños y anhelos. Trazan sus perspectivas de un futuro y un presente inciertos.
Ellas son siempre las primeras víctimas…
… y las primeras en ponerse en segundo plano por el bien de los demás. Ponen la libertad colectiva por encima de la suya individual. Leila se ve obligada a convertirse en madre siendo una niña y renuncia a su familia para fundar una nueva sin estar preparada para ello. Naima tiene el conflicto interno de obedecer los designios de su madre o participar de forma activa en la revolución, y Aisha… bueno, ella pasa de ser una niña indecisa que lo tiene todo, a ser una mujer decidida y dispuesta a romper los tabúes que su sociedad matriz le impone y las frivolidades de su sociedad de acogida.
En el libro usted establece un contraste entre la vida nómada y la cultura sedentaria, mostrando entre matices lo bueno y lo malo de cada una.
Lo he desarrollado desde la curiosidad de una niña que vive en un mundo “sedentario” y que siempre se ha visto fascinada por el arraigo por la vida en movimiento de su abuela. Cada visita a mi abuela, desde muy pequeña, descubría elementos de esta forma de vivir y estar en el mundo que me producía fascinación y que, con los años, inevitablemente, he ido comparando con la forma de vivir de aquí. Es complejo, pero busco responder a comparaciones que me han acompañado toda mi vida. Esta novela la escribo también desde la curiosidad por comprender y aprender de estas raíces nómadas, ora idealizadas, ora denostadas, pero que están tan enraizadas en la cultura y el lenguaje que resultan imposibles de extirpar de la memoria colectiva.
“Tiene hambre de saber. No se conforma con vivir en un lugar limitado pese a su inmensidad. Un espacio infinito que les atrapa. Sigue distraída en la frontera entre el cielo y la tierra, Naima no sabe si existe otro mundo más allá del desierto. La guerra ha truncado una infancia bañada por las olas del embravecido mar de El Argub.” (p. 67)
Otro asunto explícito en el libro son la migración, la diáspora y el exilio del país, pero también el de la migración interna (por las huellas de la sequía, en este caso). Cuéntenos sobre esos fenómenos.
En esta parte del mundo, el arraigo es algo estático y el movimiento parece irreversible, se viene y se va de los lugares. En el desierto, en cambio, el movimiento es más circular, las fronteras para los nómadas son más difuminadas… Las huellas son imborrables y nos hacen parte de los lugares por los que pasamos. La migración es uno de los elementos del libro. La migración por un matrimonio forzoso, por la sequía, por la guerra y la ocupación de la tierra, por ponerse a salvo y por estudiar. Para mí fue muy revelador comprobar que no solo Aisha ha sufrido este desarraigo, porque, a su manera, Leila y Naima también lo han sufrido, también han sido arrancadas del regazo de sus madres y sufren una vida marcada por el desarraigo. Lo cierto es que la emigración es un fenómeno más común de lo que parece. Pudiéramos decir que los fenómenos migratorios son universales y se repiten dentro y fuera, aquí y allí.

¿Cómo logró conciliar el ser saharaui y luego pertenecer a otro tipo de sociedad o de cultura?, ¿en qué momento de su vida sucedió?
Mi vida ha sido una búsqueda constante primero de la identidad y después del equilibrio. Encontré mucha paz cuando dejé de preguntarme de dónde soy y a cuál de los dos mundos pertenezco. Siempre me había esforzado por pertenecer, pero pertenecer nos lleva a elegir y ahí está la gran trampa. Una trampa peligrosa que te lleva a elegir entre dos extremos. Yo creo que la universidad y los libros me ayudaron mucho en este proceso. Leer a Amin Maalouf, a Nawal Saadawi o a Yasmina Khadra. Pero sin duda, esta novela ha sido parte de esta catarsis identitaria. Soy mucho más consciente de quién soy y de dónde vengo gracias, precisamente, al proceso de investigación que llevé a cabo para construir estos personajes. Creo que caminar a partir de ahora será algo más fácil.
¿De qué manera cree que la literatura está contribuyendo hoy a nuestra lectura (y ojalá reconocimiento) de la migración como problemática social, política, cultural, religiosa?
No creo que la migración sea una problemática como tal, más bien es parte de nuestra naturaleza como seres humanos. Y en este sentido, la literatura, como otras artes, tiene un papel clave y lo está haciendo sobre todo la literatura latinoamericana. Poner en el centro la migración nos lleva a abordarla desde todas perspectivas y miradas posibles. Era una asignatura pendiente en la historia de la literatura, ya que emigrar no es nada ajeno a otros tiempos. Pienso que cada vez abordamos más los temas como la identidad, la nostalgia o la construcción de la identidad. Todos estos temas nos ayudan a adentrarnos en un universo mucho más complejo y a la vez más definido de todo lo que rodea la migración, y la riqueza social que nos trae.

