Brenda Navarro (Ciudad de México, 1982) es autora de las novelas Casas vacías y Ceniza en la boca, obras que la han situado como una de las voces más relevantes de la narrativa latinoamericana reciente. En esta entrevista conversamos sobre el desplazamiento formal entre ambas novelas, el goce del juego lingüístico como apuesta estética y su mirada crítica frente al mercado editorial y las dinámicas de circulación cultural.
Daniel Carvajalino: Al leer ambas novelas, da la impresión de que en Casas vacías hay una exploración formal más evidente, al construirse sus dos historias desde registros distintos. En cambio, en Ceniza en la boca la escritura parece concentrarse en una forma más definida. Me gustaría saber qué piensas sobre ese desplazamiento en tu manera de escribir entre ambos libros y los cuatro años que separan sus publicaciones.
Brenda Navarro: Cada historia tiene un ritmo específico para ser contada. Creo que entiendo a qué te refieres, con Casas vacías estaba probándome a mí misma si era capaz de escribir una novela, de saber sostener la trama, de aprender a usar el lenguaje para transmitir el dolor de ambas mujeres. Con Ceniza en la boca, estaba muchísimo más enfocada en el ritmo y en el uso mismo del lenguaje, que para mí es la apuesta estética. Creo que Ceniza es una novela imperfecta que sabe que eso es lo que la fortalece. El ritmo para mí lo era todo. ¿Cómo hacer que la diversidad de vocabulario en castellano, mexicano, colombiano, catalán o inglés pudieran coexistir mediante el ritmo vertiginoso que necesitaba contar esta especie de canción triste? Y tenía la experiencia de Casas en el que la segunda voz me había hecho sentir que podía jugar con el ritmo así que en la segunda novela me permití jugar. En la primera experimenté, en la segunda gocé. Para eso escribo, para gozar el juego del lenguaje.
DC: Tu escritura es agresiva, cruda y coloquial, llena de momentos que cierran con frases punzantes y precisas. Incluso los pasajes más sensibles, sobre todo en Ceniza en la boca, están atravesados por esa violencia que permea el lenguaje. ¿Por qué escribir así?
BN: Nunca me he preguntado esto. Es como preguntarle a una persona por qué es cómo es. Necesita años de psicoanálisis. Pero supongo que las circunstancias, el contexto político y social nos permean irremediablemente. A mí me interesa explorar el lenguaje y las relaciones de poder y el reto siempre es tratar de generar una emoción cuando escribo. La recepción que tienen las personas que leen las novelas, ya es el hecho estético en sí mismo y yo no quiero tener ninguna repercusión en ello, de forma consciente. Soy más de que la autora se quede callada para no influir en la lectura, el problema es que el mercado actual nos exige estar en primera línea de la promoción y una acepta el trabajo y lo hace lo mejor posible, pero creo que no hay peor persona para explicar una novela, que quien la escribe. Sinceramente nunca sé qué es lo que realmente estaba buscando al escribir, me entero muchos años después. Creo que ahora trato de entender lo que me pasó en Casas, algún día entenderé lo que pasó para que Ceniza existiera.
DC: El dolor es uno de los temas centrales en ambas novelas, en particular el dolor en los vínculos familiares. Ese dolor puede leerse como una dimensión inherente al amar, como se ve en las madres de Casas vacías y en los hermanos de Ceniza en la boca. No se trata únicamente de un dolor que surge de las circunstancias que rodean ese amor, sino también del cuestionamiento de la propia complejidad de amar.
BN: Sí, yo ya intuía que no creía realmente en el amor, pero me forcé mucho tiempo a creer que el amor heteronormado podía funcionarme, no me ha funcionado y creo que es justamente porque nos han enseñado a pensar que el amor, en todas sus acepciones siempre termina siendo una lucha de poderes, un juego jerarquizado de búsqueda de algo que humanamente no podemos sostener en un sistema capitalista en el que actualmente vivimos. Tampoco sé si en otro sistema podríamos amar como creemos que se debe amar, lo que sí sé es que las emociones y la construcción de querer estar con una persona (pareja, madres, padres, hermanos, hermanas, hijas, amigas, etc.) tiene que ver más bien con el sostenimiento de una misma y porque irremediablemente somos seres sociales, necesitamos sentirnos cobijados y acompañados. Es compleja la condición humana y todos esos matices que existen entre la utopía de querer ser buenas personas y la realidad en donde lo más que nos acercamos a querer ser éticos es no querer dañar a quien es más vulnerable, es el verdadero drama humano. Ahí es donde entra la literatura y es ahí donde entro yo, que todo el tiempo me estoy cuestionando qué es lo que hago en este tiempo de vida que se me ha regalado. Creo que la literatura es el canal perfecto para seguir problematizándolo.
DC: No hay duda de que la oralidad es un aspecto determinante en la voz narrativa de tus narradoras, un eje no solo en tu obra, sino también en la de otras escritoras y otros escritores latinoamericanos contemporáneos que, como tú, escriben desde fuera de sus países. ¿A qué crees que se deba ese interés?
BN: Sinceramente no lo sé. Afortunadamente existen críticos literarios y lectoras y lectores que nos lo pueden decir. Personalmente, creo que el concepto de “oralidad” es una forma de querer separar al arte de élite y el canon literario oficial, de otras formas de expresión del lenguaje. Para mí el lenguaje es el lenguaje y tiene todavía diferentes formas de representar al mundo. Siempre cito a Terry Eagleaton, el lenguaje para los poderosos es representación y para quienes no somos poderosos, es estrategia, si le quieren llamar oralidad, pues listo.
DC: En otras entrevistas has sido crítica respecto a las dinámicas del mundo editorial, la precariedad económica de depender de la escritura y la dificultad de que se dé visibilidad a nuevas voces. En ese contexto, resulta especialmente significativo que, frente a las condiciones de estos circuitos tradicionales, hayas optado por publicar Casas vacías de forma gratuita en internet a través de Kaja Negra, una decisión que remite también a la obra de Sara Uribe y a su propuesta de circulación libre en línea. Me interesa saber qué piensas sobre estas iniciativas editoriales que se apartan de esos modelos y optan por otras maneras de circulación.
BN: Yo quería que la gente leyera mi texto, no me interesaba que un editor hombre me dijera qué estaba bien o qué estaba mal de mi texto sólo porque dentro de su cabeza pudiera pensar que yo era una escritora novel, quería que quien lo leyera me lo dijera, sin filtros. Eso fue resultado de mi experiencia con las redes sociales. Antes Twitter y las redes sociales generaban diversas formas de comunicación y de poder compartir el conocimiento que ya no sucede, pero aprendimos. Yo confío en la curiosidad de la gente, en su sed de conocimiento, en nuestra capacidad de querer conectar, eso va mucho más allá del mercado, aunque no es ajeno. Yo no soy tonta, tengo que llenar el refrigerador de comida, pagar colegiaturas, alquiler de un departamento, etc. No voy a regalar mi trabajo sabiendo que existe el dinero y que me pueden pagar, pero eso no se lo voy a cobrar a las personas que quieren leer mis libros, eso se lo voy a cobrar al mercado y voy a seguir defendiendo el derecho del ejercicio de la cultura y las bibliotecas públicas en todas sus manifestaciones. La cultura no es un producto.
DC: Después de haber vivido varios años en España, ¿qué piensas del circuito editorial español en contraste con el latinoamericano?
BN: Aunque a veces flaquea, el mercado español está más fortalecido que cualquier mercado en latinoamérica. Tiene apoyos y se sostiene por políticas públicas de una comunidad europea. Eso me gustaría para latinoamérica, dejar de depender de las economías y fronteras europeas y anglosajonas y fortalecernos como comunidad cultural y derribar las fronteras económicas que ahora nos hacen tan dependientes de las potencias mundiales. Tenemos el ingenio, la imaginación, las capacidades, pienso que así tendrá que suceder dentro de esta reconfiguración política que sucede actualmente, soy optimista.
DC: Hace dos años dijiste en otra entrevista que estabas trabajando en una tercera novela. ¿Cómo vas con eso?
BN: Pronto habrá noticias.
DC: Ya para terminar, ¿cuál es tu canción favorita de Vampire Weekend?
BN: Esta pregunta es como cuando mis hijas me preguntaron que a quién prefería, si a Conor Oberst o a Ezra Koenig. No puedo decidir. Quizá este año 2026 sea Ice Cream Piano, tiene demasiadas capas en tan solo 3:36 minutos.




