El pasado miércoles 11 de marzo nos reunimos por videollamada con Elisa Diaz Castelo. Acá somos declarados fans de su trabajo, desde Principia, su primer libro de poemas, El reino de lo no lineal, con el que ganó el Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes el 2020, pasando por Proyecto Manhattan, Las fuerzas débiles, escrito a dos (¿cuatro?) manos con Adalber Salas Hernández, entre otros. A finales del año pasado publicó Malacría, su primera novela, pero teníamos ganas de conversar sobre su recorrido hasta la fecha. 

Y de conversar, conversamos. Fue a través de la pantalla y desde tan lejos que mientras en Ciudad de México eran las una de la tarde, Daniel había ya almorzado en Bogotá, y yo me esforzaba para ignorar a los hinchas del Real Madrid gritando sus goles en la calle. A pesar de la distancia, estoy muy contento de poder compartir con ustedes nuestra conversación con Elisa y les dejo a continuación lo que hablamos.  

Juan Furniss: Primero que todo, muchas gracias, Elisa, por venir a la conversación. La idea partió conversando sobre poetas que escriben novelas y que luego vemos en muchas partes dando charlas, y nos picó el bicho de si no querrían hablar un poco de poesía de repente. Entonces, en realidad quería partir preguntando por eso, por el proceso de pasar de ser reconocida como poeta y qué te impulsó a hacer una novela y cómo llevaste el proceso.


Elisa Díaz Castelo: Ah, pues gracias, Juan. Pues escribí durante muchos años principalmente poesía, pero debo de confesar que siempre he sido una lectora muy ávida de narrativa y específicamente de novela, al punto de que pensaba… me sorprendía a veces no haber intentado más escribir una novela. Sí, sí tuve algunos conatos, de novela, pero ninguno dio frutos realmente. Y ahora que pude terminar de escribir esta novela, creo que la razón por la que pude hacer esa transición tiene que ver con que confié en el registro poético como un método para narrar. Pensé que el tono poético también es capaz completamente de contar una historia y a veces necesario. Y me di cuenta de que en mis pasados intentos de escribir una novela, no había logrado hacerlo porque quería escribir una novela muy clásica, ¿no? Y enfocarme mucho en el conflicto y seguir un poco las reglas de la de la novela, que pueden llegar a sentirse muy muy demandantes. Entonces, para esta novela decidí que algunos de sus tonos, porque es una novela caleidoscópica, discontinua, y con distintos tipos de textos. Entonces, en algunos de esos tipos de textos me di el permiso de más bien tratar la historia desde lo poético. Y creo que eso fue lo que me ayudó mucho. Creo que logré terminar la novela porque he ido cultivando un saludable escepticismo de la existencia de los de los géneros literarios como tales.


JF: Ya, y es que en tu poesía se nota también porque al principio uno piensa mucho en el salto de género poesía a género narrativo o novela, pero en realidad tú has trabajado formas super distintas. O sea, me rayé mucho leyendo El reino de lo no-lineal con la cantidad de voces y registros y tipos distintos de lenguaje que hay ahí comparado con, bueno, tengo acá al lado Principia y Las fuerzas débiles que es otro ejercicio completamente distinto. ¿Te surge esa esa cosa de ir de tener que ir cambiando de voces o es algo que pasa con cada proyecto, solamente?

EDC: Pues con respecto específicamente a El reino de lo no-lineal, pues me interesaba mucho el monólogo dramático. Yo estudié literatura inglesa y estudiamos mucho monólogo dramático, que comenzó en la época victoriana, pero que es una forma de poema que se ha seguido explorando en la tradición anglo. Eh, y siempre me ha interesado mucho, la idea de que la poesía no necesariamente tiene que estar vinculada a la experiencia propia, sino que también puede ser desde una pregunta intelectual o filosófica hasta de un personaje que uno inventa. Entonces, en El reino de lo no-lineal me aboqué a crear una serie de personajes que son los Lázaros o bueno, así les llamo yo, que son estas personas que murieron y volvieron a la vida y relatan sus historias. Y en la segunda parte está el personaje de Orfelia, que en ese caso es más un desdoblamiento de mi propia identidad, porque sí es una sección muy autobiográfica del libro en muchos sentidos. Y, por el otro lado, en Principia me interesaba otra cosa, tenía otra búsqueda que tenía más que ver con tratar de aterrizar el discurso científico en la intimidad. Aproximarme a lo a conceptos eh científicos desde lo íntimo, convertirlos en metáforas de la intimidad y hacer la intimidad a su vez una metáfora de concepto científico. Y eso, creo que en cada libro me planteo un desafío distinto y también por eso cambia un tanto mi estilo o mi voz. Me gusta quedarme en el mismo sitio, me gusta explorar registros nuevos, intentar cosas nuevas siempre.


JF: No, o sea, eso es curioso también, porque uno piensa en el lenguaje científico, pero no hay solo un solo lenguaje científico. Pienso también en El reino de lo no-lineal, en las entradas de diccionario, que en el fondo es un tipo de lenguaje científico,
es una cosa lingüística llevada a unas cosas sumamente técnicas. Y también me llama la atención porque hace poco leí un artículo que sacó María García Díaz, otra poeta acá en España que trabaja con lenguaje científico y con ciencia como materia estética, que hablaba del lenguaje científico como algo que nace de unas ganas de controlar, como un impulso de precisión o de limitar, o que en el fondo nace como una suerte de temor también a la imprecisión o a la naturaleza o al mundo en sí. Entonces me llama la atención que, claro con esas dos maneras: primero en Principia con esa voz que sí es un Yo bastante fuerte versus esta voz más distante de las entradas de diccionario. ¿Lo piensas como algo parecido? 


EDC: Sí, me interesaba mucho en El reino de lo no-lineal y en general me interesa. Tal vez esa es la razón por la que me interesa tanto el lenguaje científico, porque me gustan mucho los lenguajes técnicos. Estos lenguajes muy rígidos, como también, por ejemplo, el lenguaje de los abogados, el lenguaje de los diccionarios, incluso los recetarios de cocina, todas las formas de lenguajes que están pensados para ser muy prácticos y que justamente al intentar serlo sin querer lapsan en lo poético o al menos abren posibilidades interesantes para la exploración poética. Entonces sí, eso es lo que quería en El reino de lo no-lineal. Justo jugar con la forma del diccionario, pero un poco también revelarme ante la fantasía de que es posible definir cualquier cosa y menos todavía un concepto tan complejo como la vida. Entonces, por eso en el en las entradas de diccionario de El reino de lo no-lineal cada concepto, cada frase lleva a otra. El único signo de puntuación que se utiliza son los dos puntos con la idea de que todo el significado se va difiriendo o va generando otras ideas y no hay un final para la definición, la definición no acaba nunca. Entonces siento que, desde la poesía, pensar en estas fantasías del orden… La poesía puede revelarse ante ellas y encontrar pues otras verdades.


JF: Sí, es muy interesante. Creo que es porque en ese impulso de ordenar o controlar o definir siempre hay detrás una vulnerabilidad que al final acaba por romper estas definiciones, o no que se rompan, pero que se extienden y nunca acaban de concretar. Y eso me parece muy interesante y sobre todo ahora que hay como un conjunto o una pequeña tendencia de poetas que utilizan ese lenguaje científico, pero muy desde la fragilidad y desde que mientras más ganas de controlar, más frágil se muestra uno. Creo que queda muy patente. No sé si te pasó a ti, pero pienso aparte en la figura del hueso en Principia, creo que es un poco eso, ¿no? Siempre me rayó esa cosa de que un hueso es algo que parece inerte, pero está vivo y es a la vez tan sólido que tiene que soportar todo el cuerpo, pero es tan frágil. 


EDC: Con respecto a lo que mencionas sobre la fragilidad, estaba pensando que las cosas perfectas son las que más fácil se rompen, ¿no? Hay algo ahí con la forma. Y entonces me interesado desde siempre explorar la grieta. Creo que la grieta es uno de los sitios en los que más he puesto atención mi vida. Me han señalado que hablo mucho de las grietas de las banquetas en la Ciudad de México. Porque en la Ciudad de México hay muchos árboles que crecen y rompen el asfalto, y varias veces aparece esa imagen en mis poemas y yo no lo había notado, pero ya que me lo hicieron notar, les digo en parte que es porque en México las banquetas son un desastre y están todas rotas, pero también porque hay algo que inherentemente me llama de esos sitios que están fisurados. La fisura es algo que me interesa tocar, como explorar ese sitio donde se rompe la perfección de algo, el orden. Donde aquello que parecía perfecto deja de serlo.
  
JF: ¿Crees que de a poco te has dado cuenta de que, en el fondo, todo ese conjunto de imágenes ya sea el hueso, ya sea en la debilidad del mismo lenguaje para definir u ordenar, acaban en esta imagen de la grieta? ¿O crees que solo empieza después a reunir muchas cosas que no te dabas cuenta que estaban reunidas?


EDC: Sí, creo que fue más un interés muy genuino y bastante intuitivo y que se ha ido manifestando en a lo largo de mis libros de distintas maneras. Y curiosamente suelen ser las y los lectores los que me señalan. Esos motivos que se repiten, el hueso roto, el vidrio, el vaso roto, la banqueta fisurada, y todos están vinculados por la idea del de la fragmentación.


JF: Y hablando de fragmentación, quiero hacer un poco el puente a Las fuerzas débiles, que es un libro fragmentario, pero a la vez es esa tensión de que, claro, son dos voces, pero que funciona o su estructura está dada por esa desunión. 

EDC: Eh, bueno, la intención… con frecuencia hablan de las fuerzas débiles como un libro colaborativo, pero realmente no lo es tanto, porque no todos los poemas están escritos por ambos. Eso sería un ejercicio maravilloso y muy interesante, pero más bien nos interesaba poner sobre la mesa cómo cada persona tiene interpretaciones, ideas totalmente distintas sobre en torno a la misma consigna. La idea del libro era a partir de alguna premisa científica muchas veces, pero otras simplemente imágenes que se nos ocurrían, o temas, y que cada uno escribía un poema sobre ese tema. Y parte de lo que a mí me parece deleitable del ejercicio es notar cómo nuestros poemas son tan distintos, nuestras voces son tan disímiles y nuestra aproximación es completamente otra. Entonces, justo quizá es un libro que está hecho para para volver evidente esa fisura también, ¿no? la fisura entre las voces.


JF: Sí, pero eso es lindo porque es un poco lo que dijiste recién de querer indagar la fisura y no solo mirarla con rechazo por que rompe cosas, en esa fisura está el libro. Que lo interesante es que sean las ideas distintas, las visiones distintas, las voces… Hay un poco de morbo en general de querer entrar en la fisura, que creo que tu poesía también es, siento, muy táctil, muy texturada. Pienso sobre todo en Principia, todo lo que habla del cuerpo. Hay un poco de querer tocar, esa siempre ha sido mi sensación, y es loco, o sea, ahora lo estoy pensando, el atractivo de la grieta misma como impulsor de una poética. Creo que es un gran unificador del que no me había dado cuenta, quizá. 


EDC: Estaba pensando en esto que mencionas sobre el querer tocar. Pienso que escribir poesía es querer tocar. Hay una relación con los sentidos muy plena para mí en mi experiencia de la escritura del poema. Intento siempre anclarlo en el cuerpo, en lo orgánico, en los sentidos. Y también querer tocar no solo el mundo tangible, sino el lenguaje mismo como fenómeno también tangible, sonoro. Entonces, para mí, parto del cuerpo siempre que escribo. Es el punto de partida. Y sobre la fisura, pues creo que siempre está ahí, como que latente, pero quizá cuando una uno la nombra es cuando emerge. 
  
JF: Es verdad que es un poco ambas, pero creo que esa esa misma cosa de querer tocar te lleva a cuando tú metes los dedos en una fisura, o cuando tienes un hoyo en una camisa y empiezas a meter el dedo de puro ansioso, terminas agrandando el hoyo o la grieta, la fisura. Creo que de cierta manera tú haces eso, o sea, tú has hecho eso.


EDC: Me gusta esto que sugieres de que hay mucho de morbo, ¿no? En querer tocar la grieta, como querer tocar el error y el elemento casi de morbo de querer detenerse en ese lugar, lugar que da cuenta de lo incompleto.


JF: Sí, creo que uno dice morbo, pero creo que hacemos mal de cargarlo de muchas cosas negativas. Yo creo que, leyéndote, vuelves positivo ese morbo. Es una cosa de curiosidad, una curiosidad como ya por querer saber. Un poco como la ciencia, uno aprende cómo funciona un cuerpo pues, cortando. Y creo devuelve mucho lo positivo, esa curiosidad de ese, si podemos llamarlo así, morbo. Que contrasta con, volvemos al lenguaje científico, el querer controlar… Me agrada mucho como tú juegas con esa cosa de que un lenguaje científico puede querer describir muy controlada y fríamente cómo hacer una operación: agarrar un bisturí y cortar carne y huesos, y creo que tú le devuelves, aunque sea un término que quizá está un poco sobreutilizado el día de hoy, ternura a esa cosa que llamamos morbo. 

EDC: Bueno, no lo había pensado en términos de ternura, pero sí de intimidad. Yo necesito mucho anclarme en mi en mi propia experiencia sensorial para escribir y eso a veces significa anclarse en lo íntimo. Lo íntimo real o lo íntimo imaginado si se trata de un personaje. Entonces supongo que al partir de ese lugar de gran vulnerabilidad que es el propio cuerpo, uno desemboca quizá, ojalá, en la ternura.


JF: Sí, bueno, es verdad que intimidad es la palabra más adecuada, quizás, y aparte es lindo, esa idea de que se pueda hacer íntimo con algo imaginario. Creo que claramente hay muchos de eso… Pienso de nuevo en los Lázaros de El reino de lo no-lineal, como, claramente para hacer ese para inventar ese personaje hay que quererlo mucho, aunque luego haya Lázaros más o menos objetables en su forma de describir el mundo. ¿Tú vuelves a eso? ¿Vuelves a esas voces que imaginas? ¿Les tienes o les guardas cariño?


EDC: Sí, sí les guardo cariño. Uno crea una un vínculo peculiar con lo imaginario y con los personajes imaginarios. Me pasa con los poemas, pero me pasó especialmente con la novela y con los personajes de la novela, que es una relación a más largo plazo. Quizá escribir un poema de un personaje puede ser como una amistad casual con él, pero una como escribir toda una novela habitada por una serie de personajes es como irse a vivir con ellos y entonces luego sí, uno crea un vínculo y luego los extraña. A veces también les tiene envidia, ¿no? También yo quisiera ser más como ese Lázaro que hablaba de esa manera, que tenía esa seguridad, o yo quisiera tener la posibilidad de Perla, que es un personaje de Malacría, de pensar como ella piensa o como ella concibe el mundo. Eso, también existe la posibilidad de tenerle envidia a los propios personajes.


JF: ¿Tú piensas los Lázaros como piensas los personajes de tu novela, o piensas que son cosas distintas? ¿Es eso de la amistad casual o breve, contrastado con una cosa más trabajada, o hay algo en cómo se desarrolla la voz de un personaje inventado en un poema, versus en narrativa, que los distingue?


EDC: Bueno, se parte del mismo sitio, pienso, se trabaja desde el mismo lugar, pero quizá el personaje del poema está más intuido, que uno puede intuirlo más que conocerlo de todo, al menos personajes que han aparecido solo en algún poema, pero, por ejemplo, en Proyecto Manhattan, que es un libro de poesía, pero donde hay personajes que se repiten y son muchos poemas de cada personaje. Realmente ha sido de las experiencias más inmersivas de mi vida escribir ese libro, específicamente la parte de Kitty Oppenheimer, que es uno de sus personajes, porque ese esa voz llegó a mí como si me hubiera poseído. Entonces escribí un poema en su primera versión de 34 páginas en pocos días y luego estuve meses trabajando con esa materia prima y dándole forma escribiéndolo y reescribiéndolo. Pero el vínculo que establecí con esa voz fue muy especial y sí fue pues como a largo a largo plazo. Fue muy intenso y extenso también en el tiempo.


JF: Me quedé pensando… ¿34 páginas? Muchas páginas de una sola voz. No sé si Daniel también tiene algo que decir.


Daniel Carvajalino: Bueno, yo solamente tengo una pequeña pregunta a partir de lo que ustedes han hablado sobre esta disolución de los géneros, como se habló al comienzo, el juego de los registros, a mí me parece muy interesante también lo que dice Elisa sobre eso, jugar con estos registros y replantearlos desde otro lugar. Con todos estos lenguajes técnicos, instrucciones y todo ese tipo de cosas. A mí me interesa mucho lo que tú dices, Elisa, que tú partes desde un lugar específico al momento de escribir, que hablas desde lo sensorial, desde lo corporal y demás. Y mi pregunta es si realmente uno debería, como escritor o como lector, prescindir de lo que son los géneros o las categorías de géneros y simplemente entender la escritura como escritura en su devenir, en las formas que puede tomar, o realmente sí vale la pena seguir pensando en este tipo de categorías.


EDC: A mí me gustaría pensar, o sea, creo que se puede hm descubrir mucho si se piensa más allá de los géneros literarios. Y si uno desobedece esas fronteras imaginarias entre géneros, visita otros territorios y otros tonos, y también contamina un tono con otro. Sin embargo, en general me resisto a pensar en términos del deber, ¿no? La literatura. Creo que para quienes les funcionen los géneros literarios como son, me parece excelente que los sigan explorando así. También en la frontera y en las formas cerradas se abre como una puerta a la a la creatividad y a la invención y a la sorpresa. Entonces, para quienes les funcione tener esa estructura cerrada, del cuento clásico, de la novela clásica o etcétera. Me parece muy bien que lo sigan haciendo, pero también me gusta que haya personas que no lo hagan, que desobedezcan esos límites y que miren más allá de ellos y que quizá inventen nuevas formas literarias. ¿Por qué no? Eso, pensar que la literatura siempre está en movimiento y que es una potencia proteica de lenguaje, aquella con la que estamos entrando en contacto cuando escribimos. Y eso, abrirse a esa transformación constante del lenguaje y de las formas.

JF: Volviendo a lo del lenguaje poético, pienso lo que hablabas al principio de querer usar registros poéticos en tu novela, que al final el uso del lenguaje, sobre todo la figura o todo lo que es una metáfora, es una cosa siempre cambiante y que se lo que todo lleva una otra cosa. ¿No sé si piensas que la gracia es crearlo, seguirlo, descubrirlo? Porque tú tienes mucho, me parece, algo de inventora en cómo escribes, pero a la vez creo que también hay mucho dejarse llevar, o así es cuando trato lo de reconstruir, como el ejercicio del poema al revés. Quizá mi pregunta realmente es, ¿qué es lo que te entretiene de esa parte del ejercicio, ver cómo se transforma o inventar algo que no estaba ahí?


EDC: Pues me interesa mucho el lenguaje desautomatizado. Pienso que debido a su naturaleza el lenguaje es muy predecible. La forma en la que hablamos suele ser muy predecible, al punto de que nuestros celulares pueden saber lo que vamos a decir, ¿no? Cuando escribimos un WhatsApp y nos sugiere las siguientes palabras, en general acierta. Entonces, esa es una de las condiciones de del lenguaje, su predictibilidad, pero a mí me interesa desmarcarme de esa forma de lenguaje. Lo que me interesa es este lenguaje a contrapelo de la poesía, el lenguaje impredecible, extraño e indócil de la poesía. Entonces yo encuentro en esa manifestación del lenguaje mucho deleite, un gozo muy infantil, porque hay mucho de lúdico también en jugar, manosear de esa forma la materia, la arcilla de la lengua. Hay mucho de juego en ello, pero es un juego mortalmente serio también.


JF: Sí, y que el lenguaje juegue de vuelta un poco.

 
EDC: Sí, total.


JF: Em, bueno, me da un poco de cosa hacer la pregunta de periodista, pero, y no pido que cuentes nada que no se pueda contar, pero ¿qué te está interesando hacer ahora?


EDC: Pues estoy escribiendo un libro que tiene que ver con mi hijo. Acabo de tener tuve un hijo hace dos años y estoy escribiendo sobre la experiencia del embarazo y los primeros meses de crianza.


JF: Ya lo veremos cuando salga.


EDC: Ay, ojalá. Voy lento porque es difícil y no tengo nada de tiempo para escribir.


JF: Ya, o sea siempre me llamó la atención eso sobre escribir de la maternidad, porque de repente hay hijos que uno los ve crecer más grande y más rápido que los libros.


EDC: Sí, total, sí.

JF: Así que bueno, suerte con eso. No, pero estaba muy contento de poder hablar contigo. Soy un gran, gran admirador de lo que escribes en todas sus facetas. Me parece una locura. 

EDC: Ay, gracias.


JF: Pero eso, muchas gracias, Elisa. Espero que la próxima vez que conversemos no sea por pantalla.

EDC: Pues muchas gracias, ay gracias. Gracias, me encantó. Y ojalá que nos conozcamos en persona cuando vuelva a Madrid. Sí, ver cuándo, quién sabe, pero cuando suceda ya les estaré avisando.


JF: Muchas gracias. Te estaremos leyendo. 

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