¿El lugar? Lo mismo podía ser una fábrica abandonada como un viejo club o un hotel en desuso, la ilegalidad se olía a kilómetros y la droga —éxtasis, ketamina, marihuana— se movía por kilos. La movida era siempre bordeando Londres, podía ser Luton o Saint-Albans o su natal Hertfordshire. ¿El año? Debe haber sido 2006 o 2007. A ella le habían dicho que salía al escenario a las 9 así que ese día se presentó ahí una hora antes —no quería perderse nada, no quería parecer poco profesional—. Había ido con sus padres y terminó cantando a las 4 entre gente vomitando y otros que ya no tenían conciencia de lo que pasaba. Su padre estaba encantado y su madre escandalizada; más adelante él le diría qué drogas tomar y cuáles no y ella seguiría por siempre un poco escandalizada, muy preocupada de que su hija no se convirtiera en uno de esos yonkis que colmaban la escena del under cada fin de semana. Lo que es seguro es que ninguno de los tres imaginó esa noche lo lejos que llegaría su sueño, lo profundo que calaría en el imaginario popular, el brillo que proyectaría su estela. Esa noche se quedaron dando algunas vueltas en el auto y antes de volver a casa pasaron a un dinner y tomaron desayuno.

Cuenta la historia que para producir su primer disco —14, como la edad que tenía cuando lo publicó en MySpace—, en el que además de cantar toca todos los instrumentos, le pidió —les rogó— un préstamo a sus padres. Cuenta la historia que sus primeras presentaciones fueron en raves desperdigadas por los suburbios de Londres —«tomaba un montón de drogas, me sentía viviendo en Skins», diría entre risas en una entrevista después—. Cuenta la historia que en una de esas presentaciones a su padre —su familia apoyaba tanto su sueño que, en vez de prohibirle participar de ese ambiente a esa edad, la acompañaban, al menos al principio— le intentaron vender MD y que él, confundiéndolo con MDF —material que se utiliza en la construcción—, le respondió confiadamente al dealer que tenía enfrente que sí, que le quería comprar, que cuánto traía encima, que a cuánto lo vendía, que no estaba seguro de cuánto podía entrar en el auto. Cuenta la historia que Charli —Charlotte Emma Aitchison— nació en agosto del ‘92 en Cambridge —ciudad que alberga la conocida universidad y que queda a unos 50 kilómetros al norte de Londres— y que es hija única de Jon y Shameera; él escocés y ella ugandesa de raíces indias que había llegado al Reino Unido después de que el gobierno ugandés la expulsara a ella y a su familia del país africano. Cuenta la historia que al principio ella se sentía ajena, fea, incomparable con las rubias de pelo liso que tenía por compañeras; se sentía como una chica rara con el pelo rizado y oscuro y poco comprendida, casi como una versión de Jordana Bevan, esa niña de eterno abrigo rojo que atormentaba al protagonista de Submarine: un poco rara y un poco cool. «No era popular ni nada por el estilo pero era feliz en mi propio mundo de los sueños», le diría Charli a la revista Under the Radar en 2013. Cuenta la historia que su primer acercamiento a la música fue como un juego con sus amigas, que imitaban a las Spice Girls. Cuenta la historia que cuando llegó el momento de elegir su nombre artístico ella eligió Charli XCX porque era su nick en MSN —donde las equis representan besos—. Cuenta la historia —cuenta ella— que siempre quiso llegar a ser exitosa, pero a su manera, no quería comprometer su vida, su privacidad, su forma de ser, su libertad creativa y ese sería, sin saberlo, uno de los temas que atravesarían por completo su devenir musical y que se convertiría en eje de conflicto del que saldría finalmente victoriosa varios años más tarde.

¿El año? 2025. ¿El lugar? El estacionamiento del Crypto.com Arena, en Los Ángeles, California. ¿La ocasión? La ceremonia de la edición 67 de los Grammy. Charli —abrigo largo, lentes de sol y un conjunto en dos piezas— se baja de la SUV en la que llegó, champaña en mano, le lanzan un micrófono y ahí nomás, avanzando entre una eufórica multitud que baila al ritmo del empalagoso beat, se lanza a cantar una de las canciones de Brat con las que daría la vuelta al mundo. Camina y canta Charli. Camina y baila, también. Le canta a la cámara que indómita da vueltas. ¿La multitud? Frenética la rodea, y Charli lejos de achicarse se suma al frenesí, al éxtasis de la emoción: «It’s alright to just admit that I’m the fantasy / You’re obsessin’, just confess it cause it’s obvious», canta al ritmo de una base que bebe tanto del pop como de la música electrónica y que obligaría a redefinir los límites de un género que hasta ese momento parecía estancado. «Cuando comencé estaba muy influenciada por artistas como Justice, Uffie, Sebastian […] después me metí en el hip-hop, Eminem y gente como ASAP Rocky, Micky Bianco, y también me gustaba el pop como Britney y las Spice Girls. Quería mezclar todo eso, quería tener una base prominente porque yo vengo de la escena club. […] Mágico, etéreo, gangstapop», eso le decía Charli a la revista Moustache en 2012 a propósito de True Romance pero lo mismo podría decirse de Brat, de Charli, de Crash, de Pop2. Con Charli la búsqueda estuvo clara desde el principio y se trató siempre de lo mismo: expandir el límite, borronear las fronteras de un género.

Charli XCX alcanzó fama y notoriedad muy temprano en su carrera, pero esa primera celebridad le fue incómoda, ríspida: a los 16 ya se había salido de la movida de la que formaba parte desde los 14 y decidió buscar en la música otra cosa, correr los límites de dónde se movía. También es cierto que al principio no tuvo mucha idea de cómo. De las fiestas interminables había salido con un contrato discográfico bajo el brazo, pero seguir ese camino no fue lo primero que hizo, antes se anotó para estudiar Bellas Artes. Hizo algunas materias escénicas al tiempo que probaba con varios productores que Asylum —la discográfica que la fichó, subsidiaria de Atlantic Records— le fue proponiendo y al año siguiente, una vez afuera de la carrera —que dejó porque había decidido intentar en la música a tiempo completo— voló a Los Ángeles, en donde trabajó con varios productores que la discográfica le iba asignando. Salía de esas jornadas incómoda, insegura, un poco enojada también. No le gustaba lo que salía de esas sesiones. Así y todo, en medio de esa tensión interna se las arregló para participar de algunos festivales de cierta notoriedad como la edición 2012 de SXSW —instancia en la que filmó un diario personal en donde tiene una notable interacción con Grimes, otra estrella para ese entonces en ascenso— y para meter dos o tres hits que rodaron por toda la escena: escribió la letra de I love it, que la interpretó Icona Pop —junto a Charli—, fue la intérprete y compositora de Boom Clap —que hizo de canción principal de la película Bajo la misma estrella— y también fue la voz detrás de Break the rules. Al día de hoy ninguno de sus más recientes éxitos alcanzó la arrolladora fama de esas tres canciones. Pero esa celebridad no era la que buscaba, ella sabía —ella sentía— que estaba transando, que estaba dando una imagen musical distinta a la que quería dar. Le parecía música pop un poco tonta, falta de carácter, un poco boba, incluso, si se nos permite la expresión. Además, a pesar de ese supuesto éxito, las cifras no estaban dando: se dijo de True Romance, su primer álbum, que «había sido un vergonzoso fracaso comercial». Doble razón para desconfiar, me imagino que habrá pensado.

A pesar de que entre Sucker —su segundo LP— y Charli —su tercero— pasaron 5 años, ella se mantuvo activa todo ese tiempo y sin tomar en cuenta ese lapso —y todo lo que estuvo haciendo, la gente de la que se fue rodeando, la música que fue sacando, las alianzas que creó— es imposible entender la música que terminaría haciendo después, la que la erigió —quizás— como la estrella pop más importante de la escena después de la pandemia. O al menos la más popular. «Lo mío es lo opuesto a una historia de éxito de la noche a la mañana», le dijo en una entrevista a Apple Music el 2025.

Si se trata de comprender la medida y las razones de la celebridad que alcanzó Charli es ineludible hablar de SOPHIE, que es más o menos, quizás, con quién y cómo todo comenzó. Sucker había sido un fracaso en toda regla: más allá de Boom Clap ni a Charli ni a nadie le gustó el resultado y como consecuencia decidió dar dos pasos atrás y reajustar la mira; en eso estaba cuando en el horizonte apareció SOPHIE y las cosas dieron un vuelco del que ya no sería posible volver. Fue como el choque de dos estrellas que dio paso a la aparición de un nuevo universo, uno que lo envolvería todo. SOPHIE —Sophie Xeon— era, a esas alturas, una cantante, compositora y productora trans que venía dando unos primeros pasos muy seguros en la escena dance/electrónica. Más adelante llegaría a trabajar con Madonna y con Arca, además de Charli. Cuentan que fue así: corrían los últimos meses de 2014 y Charli se obsesionó con Lemonade, creyó ver ahí algo, intuyó quizás el futuro o tal vez solo el camino que a ella misma le gustaría seguir, así que rápido se consiguió su mail y la invitó a un campamento musical que ella misma estaba organizando y que tendría lugar en Suecia pocas semanas más tarde. Fue ahí que sucedió la explosión y pudo verse a kilómetros de distancia. Decidieron trabajar juntas y el primer fruto de esa colaboración fue Vroom Vroom, que es un EP de 4 canciones, pero también es una declaración de principios y también un desafío a la industria: «Ya no me importa seguir sus reglas, esta soy yo», parecía querer decir. Y la industria tomó nota: Pitchfork la declaró la artista pop del futuro. «We’re in paradise / Soaring through the sky / Seeing pink and white» canta en el track 2 —Paradise— y no es tan difícil imaginarla escribiendo a Charli presa de una emoción que por primera vez la atravesaba: la de saber que estaba por fin en el lugar correcto. «Me di cuenta desde el principio que nuestro vínculo iba a ser muy especial» diría Charli de ese primer encuentro. Fue a través de SOPHIE también que A. G. Cook llegó a su vida. Él se lo contó así al Times: «Ella pensó que yo iba a ser una especie de figura misteriosa y un poco maquiavélica pero cuando nos conocimos se dio cuenta que éramos en el fondo muy parecidos». Fue más o menos en la época que Charli había terminado Vroom Vroom y Asylum, esperando un single como Boom Clap, sintió que era un desastre y no tenían idea de qué hacer con él. «Fue ahí que me convertí en su director creativo». —sigue A. G.— «Pasé a ser un mediador entre ella y su sello. Le dije que a partir de entonces se limitara a sacar música que de verdad le gustara. Fue el principio de la verdadera Charli».

A Vroom Vroom le seguirían los mixtapes Number 1 Angel y Pop2 y una incontable serie de colaboraciones que la hicieron volverse una figura ineludible dentro de la música: Tommy Genesis, Lil Xan, Abra, Diplo, Kim Petras, HAIM, Uffie, Clairo. «Trabajo con la gente que creo que es la mejor», le diría Charli a la revista Glamour en 2019. Detrás siempre estuvo A. G. Cook y, la mayoría de las veces, también SOPHIE.

Para 2019 lanzaría su tecer LP: Charli, disco en el que por fin estrenaría formalmente y con todas las pompas de rigor su nueva faceta musical —la revista Variety hizo una crítica en la que dijo que el disco era innovador y aventurero: «muestra sus instintos pop pero no cae en lo sobrecargado, es uno de los álbumes pop más inteligentes y sofisticados de la década»—, pero a mitad de gira promocional esta se vio primero pospuesta y finalmente cancelada: había llegado el confinamiento por la pandemia. Fue durante esos meses que Charli decidió que debía hacer algo, sentía que el encierro la estaba afectando, vio aflorar en ella un principio de depresión. Decidió, entonces, grabar un nuevo disco. El proceso está fielmente documentado en la película Charli XCX: Alone Together. Decidió, entonces, que ese disco lo grabaría de cero en apenas algunas semanas y decidió, además, abrir el proceso con su club de fans, que para ese entonces ya era un grupo bastante consolidado y al que ella llamaba, cariñosamente, sus ángeles. El proceso era así: A. G. Cook le mandaba las bases y Charli trabajaba las letras, proponía ideas y casi a diario se conectaba con sus fans para mostrarles el avance y recibía nuevas ideas y sugerencias. Si el epítome de la popstar es el secretismo con el que manejan sus vidas privadas, acá Charli decide ejecutar el movimiento opuesto: abre su vida, su proceso creativo y también su intimidad: cuenta al principio de todo que es probable que las letras de este disco sean mayormente sobre su relación de pareja porque ese es un tema que en ese momento a ella la estaba atravesando; habla sobre sus estados emocionales también, tiene la valentía de mostrarse vulnerable, de mostrarse tal como es, en la felicidad y en los momentos bajos. El disco se tituló How I’m feelin now y es, quizás, hasta ese momento, uno de los momentos creativos más altos de su carrera. «Like your mind / like your smile / like your eyes / I could die» le canta Charli a Huck Kwong —su novio de aquel entonces, con quién pasó todo el confinamiento, con el que llevaba en ese entonces 7 años de relación y con el que, a pesar de todo ese tiempo, nunca había pasado, hasta ese entonces, más de dos semanas de corrido— en un fondo verde; viste la parte de arriba de un bikini rosa y un pantalón del mismo color. Charli canta, Charli baila, el fondo cambia de una playa a una imagen del espacio: pura fantasía electropop. «I like, I like, I like, I like / everything about you» le canta Charli más adelante en la canción en lo que es una declaración de amor tan genuina como transparente. Claws es el primer single promocional de How I’m feeling now y, tal como el disco, decidió grabar el videoclip por completo en casa, con los materiales que tenía a la mano y, salvo algunas tomas que hicieron en la calle —aledaña a su casa en Los Ángeles—, todo el metraje bebe de las tomas que hizo Charli en su sala con ese fondo verde. El videoclip del segundo single del disco, forever, está construido tanto con material grabado por ella como de sus fans, aquellos que la acompañaron en todo el proceso de composición. Besos, gente abrazándose, atardeceres, una persona dando pasos en una playa desierta, peluches, las plantas en un balcón, una persona frente al espejo, todo se mezcla, todo se muestra. «I will always love you / I’ll love you forever / even when we’re not together» canta Charli: ya había advertido al principio de qué irían las letras de ese disco.

—¿Dónde nos conocimos? —le pregunta Charli a la actriz Rachel Sennott en una dinámica propuesta por GQ que consiste en ver qué tanto una conoce a la otra. Desde que consolidaron su amistad no dudan en mostrarla alegremente al mundo en fiestas, en eventos, en Instagram. Charli incluso la invitó a actuar en el inolvidable videoclip de 360.

—En tu podcast —responde Rachel, segura.

—En internet —corrige Charli.

—Claro, sí, yo escribí un tweet sobre ir en un Uber llorando con tu música de fondo y a partir de ahí chateamos un poco. Luego me invitaste a tu podcast.

Charli XCX’s Best Song Ever fue un podcast que salió al aire —por la mítica señal de BBC Radio 1— desde agosto de 2021 a mayo de 2022. Charli cuenta que todo el tiempo le preguntan cuál es su canción favorita de todos los tiempos y que ella considera que es una pregunta imposible, que ella no piensa que exista algo así y que en cambio sí cree que existe una canción perfecta para cada situación; con invitados —según ella— de todos los ámbitos —televisión, cine, música, espectáculo—, fueron, a lo largo de 39 episodios, descifrando cuál es la canción perfecta para cada momento de la vida.

—Mi cocktail favorito —pregunta Charli.

—¿Vodka? ¿Vodka piña? ¿Vodka naranja? —pregunta Rachel de vuelta.

—¿Qué soy, una adolescente? —se ríe Charli— Un cocktail real, uno apropiado —insiste.

—¡Martini!

—Mi lugar favorito en el mundo para ir de fiesta —sigue, Charli.

—¿Londres? ¿Berlín? —tantea Rachel.

—¡Nueva York! —grita Charli, un poco ofendida— Hay algo en esa ciudad que me abduce, me desinhibe.

—Mis cuatro películas favoritas en Letterboxd —pregunta.

Para liberarse —finalmente— del contrato que la seguía ligando a Asylum, a Charli todavía le faltaba hacer un disco y decidió hacerlo por todo lo alto: «siempre me sentí en el medio de esta dicotomía entre ser una artista o ser una popstar; con Crash decidí jugar el papel de popstar, ¿quieren que sea una popstar? Ahí la tienen», le dijo a Apple Music el 2025. Crash se lanzó en marzo del 2022 y, aunque Charli mayormente reniegue de él, se siente como una explosión liberadora y nos dejó con tres o cuatro canciones icónicas. «I’m about to crash, come watch me, baby», canta en el track homónimo con el que abre el que sería formalmente su quinto disco. «Siento que el título del álbum se está convirtiendo en una profecía autocumplida. Me siento muy explosiva. Me siento al límite, a veces en un buen sentido y a veces en uno malo», le dijo a la revista Rolling Stone ese mismo año. La campaña publicitaria del disco hablaba de la destrucción de la figura de la estrella pop en el represivo mundo de las grandes discográficas. Charli aprovechó las luces y los micrófonos para expresar —sin miedo alguno— su libertad artística, para plantar una bandera de autonomía que siempre había buscado. En la portada aparece Charli en bikini ensangrentada tras un parabrisas en un evidente guiño a la novela del mismo nombre de J. G. Ballard; ahí, en la novela del distópico autor, se sigue a distintas víctimas de accidentes de tránsito que buscan placer sexual recreando la experiencia de los accidentes. Sobre el libro, para The Guardian, la crítica y escritora Zadie Smith había escrito: «Es un libro existencialista sobre cómo todo el mundo usa todo. Cómo todo usa a todo el mundo». Lo que no deja de ser paradójico es que una vez finalizado el vínculo contractual Charli lo renovó —esta vez directamente con Atlantic— en un nuevo acuerdo por 5 discos más: «Exploré otras alternativas pero en realidad lo que más me importaba era tener control creativo y eso me lo garantizaron», dijo Charli en la entrevista con Apple Music.

En enero de 2026, en el festival de Sundance, Charli estrenó The moment; ahí, en el medio de las montañas que rodean a Park City, en Utah —en lo que fue la última edición del festival ahí ya que a partir de 2027 se hará en Boulder, Colorado—, la definió como un crudo y consciente reflejo de sus volátiles experiencias con la fama y con la presión que vino con el éxito de Brat. La película va sobre la organización de convertir la gira promocional de Brat en una película en un intento por extender el fenómeno de masas que el disco significó, va sobre las presiones que sufre Charli, sobre las intromisiones discográficas, sobre el descontrol que sobreviene cuando hay tanta gente involucrada, va —quizás— sobre la necesidad de Charli de dar algunos pasos atrás.

—Cuán parecido a mí es el personaje que interpreto en The moment —le pregunta Charli a Rachel Sennott en la dinámica propuesta por GQ.

—Es una proyección aumentada de cómo algunas personas piensan que eres, pero no eres así en realidad.

En la conferencia de prensa del festival de Berlín, en donde estrenó tras su paso por Sundance, dijo: «en la película Charli decide liberarse de Brat, creo que todos estábamos conscientes de que esta película era el fin de ese momento […] para mí, es el fin de ese momento». The moment se estrenó en salas el 19 de febrero en Brasil, Austria, Alemania y Argentina —Irlanda y el Reino Unido se sumaron el 20— y se espera para las semanas siguientes que estrene en Australia, Nueva Zelanda, Portugal, México, Dinamarca, Finlandia, Noruega y Suecia. Es previsible que con el paso de las semanas vayan agregándose países y salas; es previsible que la película —tal como el disco— dé la vuelta al mundo.

Brat no fue un disco; fue un concepto. Y no duró 15 canciones; duró todo un verano, incluso más. A primer golpe de vista parece algo hecho a las apuradas pero la portada —esas letras un poco pixeladas en un fondo de un color verde un poco vomitivo— tomó meses y meses de prueba y error hasta encontrar el tono adecuado, el que Charli quería. Sobre el disco, Pitchfork escribió: «Una adictiva obra maestra». Rolling Stone: «Un disco confesional que nunca pierde su energía». NME: «Con Brat, demuestra que salirse con la suya siempre va a sonar increíble». Billboard: «Fenómeno cultural». Las entrevistas llovían, los reportajes se multiplicaban. Los bailes en tiktok se volvían infinitos. Quizás ni ella misma se lo vio venir. Tratar de definir lo que significó el lanzamiento de su sexto álbum es quedarse corto, quizás con algunas cifras se pueda dar cuenta de lo que provocó Charli en su versión más desinhibida, en total control creativo y sin ataduras de ningún tipo: 2562 millones de reproducciones solo en Spotify a la fecha, 36 conciertos distribuidos por Europa, América, Asia y Oceanía —sin contar con las apariciones en distintos festivales en los que fue siempre cabeza de cartel—. Hasta algunos políticos, queriendo rasguñar un poco de popularidad, se mostraron embelesados. La palabra del año, llegaron a escribir algunos. El sonido es cómo lo que venía mostrando —hasta antes de la aventura popstar que fue Crash— pero elevado a la décima potencia. Hiperpop le dicen ahora. Es cierto que el sonido venía siendo desarrollado primero por SOPHIE —quién murió en 2021 a la edad de 34 años en una muerte tan trágica como poética, como podía caberle a alguien con un ángel tan alto: vio una luna tan hermosa que quiso sacarle una foto con su celular y para estar más cerca decidió subirse a un tejado desde el cual cayó— y luego por A. G. Cook a través de su sello —PC Music— pero con Brat se consolidó. «I went my own way and I made it / I’m your favorite reference, baby» canta Charli al principio del disco, inaugurando una era de la que va a ser difícil que nos recuperemos.

«Quiero hablarles sobre lo que estuve viendo, quiero hablarles de Morvern Callar» comienza diciendo Charli —sobre una de las películas más interesantes que nos ha dado la cinematografía inglesa en el último cuarto de siglo— en un reel que subió la cuenta oficial de Letterboxd en Instagram, inaugurando una faceta que hasta ese entonces no era tan conocida —la de cinéfila— pero que hace total sentido respecto a los proyectos en los que Charli se ha ido embarcando: además de su rol como protagonista de The moment también figura en los créditos como productora y es presumible que lo suyo con el séptimo arte no es una incursión circunstancial: protagonizó —y produjo también— la película Erupja —que estrenó en Toronto en 2025— del director Pete Ohs, tiene una participación en I want your sex de Gregg Araki —estrenada en Sundance este 2026— y ya se anunció que actuará en la próxima película del controvertido director japonés Takashi Miike, en donde también firmará como productora. La cuenta de Charli en Letterboxd superó los 100 mil seguidores apenas pocas horas después de que el reel se publicó, hoy cuenta con más de 300 mil.

En julio de 2025 —en una ceremonia íntima que se celebró en Londres— Charli se casó con George Daniel, a quien conoció durante el proceso de grabación de Brat. Llevaban saliendo desde 2022 y para noviembre de 2023 ya anunciaban felices el compromiso. En septiembre tuvieron una segunda boda, un poco menos íntima, en Sicilia. El vestido de Charli lo diseñó Danielle Frankel y en las fotos se la ve radiante. Entre los invitados estaban Clairo, Shygirl, A. G. Cook, los compañeros de banda de George, Rachel Sennott —obviamente—, Jeremy O’Harris, Julia Fox, Yung Lean y muchos más. La canción que eligió Charli para caminar hacia el altar fue Héroe —en su versión en inglés— de Enrique Iglesias. Podemos presumir que todo fue muy romántico.

En lo musical de momento no ha habido mucho movimiento alrededor de Charli a excepción del estreno del disco Wuthering Heights —que hace de banda sonora de película del mismo nombre— pero hay una cosa de la que podemos estar seguros: sea cual sea el próximo paso que dé, no pasará desapercibido.

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